amloVía Crítica
Por Miguel Ángel Gómez Polanco
27 de noviembre de 2015
“Lo mejor es desbaratar sus alianzas. No permitas que tres enemigos se junten. Examina sus alianzas y trata de deshacerlas y destruirlas. Si un enemigo tiene alianzas el problema es grave y fuerte la posición del enemigo; si no tiene alianzas, el problema es menor y débil la posición del enemigo”
-Sun Tzu
Sun Tzu, 500 años antes de Cristo, planteó -en el Capítulo III de su obra “El Arte de la Guerra”- una modalidad aplicada a la más pura estrategia militar de la máxima atribuida al emperador Julio César, y que da nombre a este panfleto: Divide et Vinces (divide y vencerás).
Considerado un libro de estrategia para la vida en general como éste; en la actualidad, la sabiduría milenaria de dicho autor y guerrero oriental resulta indispensable para comprender la engañosa realidad política de nuestros tiempos, y en particular, la de México. Ahí le va el por qué.
¿Está usted harta o harto de la realidad de nuestro país? ¿De la inseguridad, desempleo, censura, represión, reformas estructurales y todo eso? No me diga; imagino su respuesta. El asunto es que se debe tener mucho cuidado con esa peligrosa sensación: el hartazgo.
Y es que de pronto vemos cómo el caudillismo en México ha adquirido un nuevo sentido; más radical, quizás victimista, ante la falta de garantías para confiar en la honestidad de un gobierno y elegir a la opción más viable para mandatarle el respeto de nuestra soberanía.
Le cuento: de acuerdo con analistas nacionales y extranjeros; en México calificamos perfectamente como una democracia emergente, en la que de acuerdo con el humanista Pablo González Casanova, se cuenta cada vez con un menor voto razonado y mayormente matizado por las emociones.
Sin embargo, en México, factores como la imagen, carisma, arraigo, liderazgo y la historia personal de los ungidos candidatos, son determinantes para definir el resultado de una elección. Pero lo que preocupa realmente es lo que implica este estatus, en un país que padece seriamente de delirios aspiracionales, pues el resultado de ello es un efecto persuasivo en la conducta y comportamiento de los electores, principalmente los jóvenes que han desarrollado una fuerte pertenencia con la palabra “cambio”. De ahí que surjan figurones como Andrés Manuel López Obrador: personaje mesiánico e identificado con el “dolor ciudadano” derivado del ansia de cambio que no termina de llegar.
En alguna ocasión leía a Luis Costa Bonino; Doctor en Ciencia Política y asesor principal en el inicio de la campaña presidencial de López Obrador en 2012, quien mencionaba que un componente central de su estrategia fue ganar el sector juvenil del electorado; sector de interés, debido a que ellas y ellos, los jóvenes, poseen un conocimiento político que se sustenta mayormente por la insurgencia y ánimos de cambio, más no por un proceder fundado en el comportamiento electoral social de los últimos tiempos, específicamente desde el año 2000, cuando se dio la alternancia política a través del PAN.
Andrés Manuel tiene tan claro esto que, incluso, su campaña de “reconciliación” en 2012 (la de los spots dirigidos por el cineasta Luis Mandoki) estaba dirigida al público mayor; aquel que estaba, digamos, más “empapado” de acontecimientos como el plantón de Reforma, el político necio y de esencia mesiánica; el ególatra, terco, conflictivo y testarudo político que posterior a 2006, comenzó una batalla campañera –pero sobre todo mediática- contra la banda de Atlacomulco, y una vez ganado éste –el más difícil- pasar con el de los jóvenes que mostraban su apoyo casi ciego al superhéroe tabasqueño. Basta con recordar en qué terminó el movimiento #YoSoy132 para entender este caso.
Y cuatro años después, la tendencia sigue. Pero ahora, trasladémosla a Veracruz, en la actualidad. ¿Cómo influye? Veamos:
El Padrón Electoral en la entidad para 2016, registra cinco millones 678 mil 161. D este total, los que oscilan entre 20 y 24 años representan 724 mil 059 personas en posibilidad de votar (es decir: el 12.75 por ciento). Asimismo, los que se encuentran entre los 25 y 29, ascienden a 677 mil 344 (11.93 por ciento).
La ecuación es sencilla: tan solo en estos dos grupos de edad, 24.68 por ciento del Padrón representa la mitad del abstencionismo en 2010 (última elección a gobernador) cuando se registró un 49.07 por ciento histórico. Además, este cúmulo de jóvenes listos para votar, prácticamente igualan el porcentaje con el que la coalición “Veracruz para adelante” ganó en aquella elección (25.27 por ciento). En pocas palabras: MORENA tiene un objetivo claro para esta elección: fragmentar el voto de la ira, el hartazgo en la juventud, para perfilarlo a en un activo electoral para 2018.
Como dice el escritor y periodista, Carlos René Delgado, en su artículo “¿Democracia sin demócratas?: “hoy en día, los comicios electorales no son oportunidades para elegir políticas, sino ocasión para castigar agravios”, y ello debe ser considerado sesudamente en estos momentos, pues el hartazgo podría ya no estar siendo aprovechado solo por AMLO… sino por el mismo PRI, para “ahuecar” a la oposición rumbo a 2016, para asegurar mejores condiciones rumbo a 2018.
Pascal Beltrán del Río, en su texto “Los pasos de AMLO”, afirma: “el oficialismo sabe que son pocos los estados donde el PRI puede ganar por más de la mitad de los votos. En 2016, quizá sólo Tamaulipas, Durango y Quintana Roo estén en esa condición. Y, eso, quién sabe”. O sea: Veracruz se presenta como uno de los escenarios ideales para dejar que López Obrador sea el encargado de dividir el voto de la oposición, a base de promover lo que mejor sabe: el hartazgo y la descalificación, mediante mártires y caudillos destinados a perder, pero que dejarán huella como víctimas del sistema.
Tal vez por eso Cuitláhuac García se fue a “sufrir” con los maestros. Tal vez por eso el diputado federal tiene una fuerte cercanía con los sectores jóvenes. Tal vez por eso, será el candidato a la gubernatura para 2016: sin posibilidades de ganar, pero sí de dividir y promover más el hartazgo; apoyado por una administración tan desastrosa como la última en Veracruz.
SUI GENERIS
El enfrentamiento indirecto, según Sun Tzu, consiste en servirse de un factor diseñado, exprofeso, para engañar al enemigo, “atrayéndole a una falsa persecución y haciéndole creer que el grueso de tus fuerzas está muy lejos. Entonces, lanzas una fuerza de ataque sorpresa que llega antes, aunque emprendió el camino después”.
¿Será por eso que el factor Andrés Manuel llegó a Veracruz para criticar la alianza PRD-PAN, sin tocar a Javier Duarte? Lo más probable es que sí. Para MORENA, hay que abrirse camino pero no para 2016, sino para 2018, cuando el partido esté mucho más fortalecido por las emociones del electorado y se postule como “la verdadera oposición” y no “la del agua y el aceite”.
Pero yo pregunto: ¿está la sociedad –principalmente los jóvenes- dispuestos a morder nuevamente el anzuelo, nada más porque ya están “hartos”?
Ojalá que no… porque la juventud hoy, en Veracruz, es mayoría y tiene en sus manos –finalmente- la posibilidad de decidir una elección trascendental e histórica para el estado.
POST-IT: Lo que sí es cierto es que Aurelio Nuño Mayer vino a Veracruz, no a “ungir” electoralmente a alguien en particular (aunque se sienta cierto “Cisne”). No, el secretario de Educación Pública vino a decirle al gobernador que la evaluación docente iba… sobre quien sea, por encima de todo y de todos. Con represión o sin ella. Y todavía falta un fin de semana más. Aguas.
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