Claroscuros
 Por José Luis Ortega Vidal
17 de noviembre de 2015

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Escribe Noam Chomsky *

“El papel de los medios de comunicación en la política contemporánea nos obliga a preguntar por el tipo de mundo y de sociedad en los que queremos vivir, y qué modelo de democracia queremos para esta sociedad. Permítaseme empezar contraponiendo dos conceptos distintos de democracia. Uno es el que nos lleva a afirmar que en una sociedad democrática, por un lado, la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares, y, por otro, los medios de información son libres e imparciales. Si se busca la palabra democracia en el diccionario se encuentra una definición bastante parecida a lo que acabo de formular.

Una idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada de democracia, pero es importante entender que, en todo caso, es la idea predominante. De hecho lo ha sido durante mucho tiempo, no sólo en la práctica sino incluso en el plano teórico. No olvidemos además que tenemos una larga historia, que se remonta a las revoluciones democráticas modernas de la Inglaterra del siglo XVII, que en su mayor parte expresa este punto de vista. En cualquier caso voy a ceñirme simplemente al período moderno y acerca de la forma en que se desarrolla la noción de democracia, y sobre el modo y el por qué el problema de los medios de comunicación y la desinformación se ubican en este contexto.” **

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El periodismo mexicano contemporáneo dista mucho de satisfacer las necesidades teóricas y también las prácticas de nuestra construcción del desarrollo social al que aspiramos.

Si uno revisa el papel histórico, estético, ético, artístico y mediático de las catrinas creadas por José Guadalupe Posada en el siglo XIX mexicano, encuentra ahí –por ejemplo- un trabajo de tanta calidad y trascendencia que es muy difícil hallar un parangón periodístico en el México del Siglo XXI.

Veracruz, por cierto, se incluye en ese contexto.

Si el periodismo mexicano actual es mediocre, el veracruzano es, además: burdo y corrupto, amén de peligroso.

Esta situación es grave y empeora con el arribo de las redes sociales.

Si tomamos en cuenta que José Guadalupe Posada y los hermanos Flores Magón, entre otros comunicadores de su época, trabajaban en el escenario de una dictadura sanguinaria, el mérito es mayor…para ellos.

El caso del ataque a periodistas veracruzanos durante la última década requiere de una revisión a fondo que sólo podrá generarse bajo metodologías históricas, es decir, pasado cierto y obligado tiempo, para acceder a información hoy limitada, llena de intereses particulares o de grupo, repleta de datos poco objetivos o sesgados o manipulados por afanes, a menudo, protagónicos y también por razón de sobrevivencia.

Resulta claro que el Estado (es decir el gobierno) veracruzano es responsable directo de la tragedia del periodismo veracruzano.

Y lo es ya sea por acción o por omisión; he ahí la obligada revisión de caso por caso sin dejar de lado el contexto sociopolítico, histórico, económico , ideológico, de intereses nacionales y multinacionales que propician las condiciones para estos crímenes que no paran.

El Estado –por ejemplo- también fue responsable en el período de terror que Toribio Gargallo sembró en la zona centro montañosa de la entidad –Sierra de Tezonapa, Córdoba, Fortín, Cuitláhuac- durante la década de los 80s y su maestro “Tomasín” lo fue años antes.

Ambos fueron productos de condiciones dialécticas de lucha de clases, de condiciones de injusticia social aún vigentes, pero al mismo tiempo surgieron a partir de estrategias de control de grupos político específicos apropiados del poder económico, financiero y social en zonas y circunstancias conocidas desde las dependencias oficiales.

Es decir, los victimarios también fueron víctimas. Todo depende del cristal con que se miren aquellos acontecimientos hoy aún vivos.

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Ese tema, traído a colación por la reciente aparición de presuntos descendientes de Toribio Gargallo que se disfrazaban de policías para asaltar en la misma región de Córdoba donde su supuesto pariente ejecutó a cientos de seres humanos ya fuera por gusto o por instrucciones oficiales, nos remite a un contexto que prevalece en el Veracruz y el México de actuales.

Si atendemos a los conceptos de Noam Chomsky acerca de la democracia nuestra realidad mexicana y veracruzana encaja perfectamente en esta descripción: “Una idea alternativa de democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados. Quizás esto suene como una concepción anticuada de democracia, pero es importante entender que, en todo caso, es la idea predominante.”

Esto ocurre en los días que vivimos y el control proviene desde el andamiaje económico (la publicidad) ideológico (el Estado, la Iglesia) el monopolio de la fuerza (la muerte de periodistas) la ignorancia y la complicidad (hay periodistas –vivos y muertos- ligados al narcotráfico, que son sus empleados y sirven a sus fines) además de políticos (en Veracruz, por ejemplo, es fácil dividir hoy en día a los columnistas, cronistas, reporteros, que simpatizan con uno u otro grupo de poder y trasladan tal simpatía a sus textos).

Lo más patético es que hay periodistas y lectores ingenuos que piensan que el PRI o el PAN o el PRD o MORENA –al interior de dichos partidos o entre ellos- sufren pugnas ideológicas o de verdadera preocupación por el bienestar de la sociedad.

No es así: el sistema de partidos mexicano -y por ende veracruzano- está podrido, lleno de corrupción de los pies a la cabeza.

Nadie se salva.

Nuestro sistema de poder –y eso incluye a la sociedad civil- es en realidad un gran escenario teatral donde las supuestas pugnas entre grupos al final del día se dirigen a estrategias para que todo quede igual en términos de repartición de la riqueza.

Sí: somos una sociedad gatopardista y nuestro sistema político bien pudo ser diseñado por Lampedusa.

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Otra vez Chomsky:

“Primeros apuntes históricos de la propaganda

Empecemos con la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno. Ocurrió bajo el mandato de Woodrow Wilson. Este fue elegido presidente en 1916 como líder de la plataforma electoral Paz sin victoria, cuando se cruzaba el ecuador de la Primera Guerra Mundial. La población era muy pacifista y no veía ninguna razón para involucrarse en una guerra europea; sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en el conflicto. Había por tanto que hacer algo para inducir en la sociedad la idea de la obligación de participar en la guerra. Y se creó una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel, que, en seis meses, logró convertir una población pacífica en otra histérica y belicista que quería ir a la guerra y destruir todo lo que oliera a alemán, despedazar a todos los alemanes, y salvar así al mundo. Se alcanzó un éxito extraordinario que conduciría a otro mayor todavía: precisamente en aquella época y después de la guerra se utilizaron las mismas técnicas para avivar lo que se conocía como Miedo rojo. Ello permitió la destrucción de sindicatos y la eliminación de problemas tan peligrosos como la libertad de prensa o de pensamiento político. El poder financiero y empresarial y los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación, de la que, a su vez, obtuvieron todo tipo de provechos.” ***

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¿Le recuerda Ayotzinapa?

¿No se parece este escenario a la guerra interna que vive México y la propaganda que se desata –por citar un caso- en torno al fallecimiento de ciudadanas mexicanas en la masacre de París?