La crónica política de este fin de semana está llena de lugares comunes, la simpatía o la antipatía hacia algún prospecto de candidato a gobernador, conduce a un análisis de la coyuntura política de manera muy superficial, peor aún, da pauta para que el priísmo estatal se llene de cuentas alegres.

Suponiendo que se lograra un gran acuerdo de los grupos en disputa por la candidatura del partido oficial al gobierno de Veracruz, ello implicaría establecer las bases de la impunidad del actual grupo en el poder y cuyos costos se trasladarán de inmediato al candidato del partido oficial.

Por ello que los grupos priístas pacten una sucesión de dos y seis años o hasta más tiempo, supone factores que no están en su dominio, ya que no están  solos en el tablero político, primero deben superar en las urnas los costos del desprestigio y de los incumplimientos de la actual administración, de manera simultánea el PRI requiere retener una mayoría legislativa suficiente para cubrir la retirada del actual grupo dominante y por supuesto, en el hipotético caso de ganar en el 2016, establecer un gobierno útil socialmente, lo cual se perfila muy difícil dadas las condiciones económicas en que habrá de asumirse la administración.