El grado de descomposición política en Veracruz ha llegado al extremo en el que individuos vocacionalmente orientados hacia el periodismo se ubiquen en la tesitura de inclinarse por uno u otro pre candidato al gobierno de la entidad. Nadie regatea el derecho que en este país le asiste a todo ciudadano para manifestarse a favor o en contra de un actor político, pero si ese ciudadano desempeña la honrosa profesión del periodismo, más pronto que temprano corre el grave riesgo de perder la credibilidad de cuanto escribe, en cuyo caso lo que menos interesa es la suerte del individuo así contextualizado sino el daño que le provoca a su profesión. Así, pierde la sociedad en menoscabo de la democracia.