CAMALEÓN

 

Max Weber ha sido uno de los sociólogos contemporáneos más prestigiados en la academia y entre los estudiosos de las ciencias sociales, la política entre ellas. Como todo buen científico social le arrancó verdades objetivas a la observación metodológica de los sistemas políticos y de la sociedad contemporánea, de entre su amplio repertorio selecciono asertos que reflejan realidades cercanas.

Uno de los grandes aportes de Weber a la Ciencia Política es la formulación de una tipología política, un análisis de los atributos que deben caracterizar al individuo aplicado al ejercicio del poder. ¿Qué estimulo empuja al hombre a la política?  Le “Proporciona, por lo pronto, un sentimiento de poder. La conciencia de tener una influencia sobre los hombres, de participar en el poder sobre ellos y, sobre todo, el sentimiento de manejar los hilos de acontecimientos históricos importantes elevan al político profesional, incluso al que ocupa posiciones formalmente modestas, por encima de lo cotidiano… ¿cuáles son las cualidades que le permitirán estar a la altura de ese poder (por limitado que sea en su caso concreto) y de la responsabilidad que sobre él arroja? Con esto entramos ya en el terreno de la ética, pues es a esta a la que corresponde determinar qué clase de hombre hay que ser para tener derecho a poner la mano en la rueda de la historia”.

Sí, ¿a qué clase de hombre le corresponde “poner la mano en la rueda de la historia”? Es aparentemente obvio que no a cualquiera, aunque igualmente ha sido posible comprobar a lo largo de la historia universal que las circunstancias coloquen a un “cualquiera” en posición de jalar los hilos de la historia.

En su tipología del político, Max Weber reflexiona: “Son tres las cualidades decisivamente importantes para el político: pasión, sentido de la responsabilidad y mesura. Pasión en el sentido de <positividad>, de entrega apasionada a una <causa>… Sin embargo “la pasión no convierte a un hombre en político sino está al servicio de una <causa> y no hace de la responsabilidad para con esa causa la estrella que orienta la acción. Por eso se necesita (y esta es la cualidad psicológica decisiva para el político) mesura, capacidad para dejar que la realidad actúe sobre uno sin perder el recogimiento y la tranquilidad, es decir, para guardar la distancia con los hombres y las cosas. El <no saber guardar distancias> es uno de los pecados mortales de todo político… El problema es, el de cómo puede conseguirse que vayan juntas en las mismas almas la pasión ardiente y la mesurada frialdad. La política se hace con la cabeza y no con otras partes del cuerpo o del alma. Y, sin embargo, la entrega a una causa solo puede nacer y alimentarse de la pasión, si ha de ser una actitud auténticamente humana y no un frívolo juego intelectual. Solo el hábito de la distancia (en todos los sentidos de la palabra) hace posible la enérgica doma del alma que caracteriza al político apasionado y lo distingue del simple diletante político <estérilmente agitado>. La <fuerza> de una <personalidad< política reside, en primer lugar,  en la posesión de esas cualidades”.

“…Por esto el político tiene que vencer cada día y cada hora a un enemigo muy trivial y demasiado humano, la muy común vanidad, enemiga mortal de toda entrega a una causa y de toda mesura, en este caso de la mesura frente a sí mismo….” En último término, no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente aunque no siempre, coincide con aquella. La vanidad, la necesidad de aparecer siempre que sea posible en primer plano, es lo que más lleva al político a cometer uno de estos pecados o los dos a la vez”.

¿Quiénes de entre los que actualmente aspiran gobernar Veracruz reúnen algunas de estas características en momentos en que es urgente y apremiante rescatar a la entidad del bache histórico en que se encuentra?

Tómese en consideración que en el actual proceso electoral no sólo está en juego el gobierno de 12 estados de la república, también se están configurando las condiciones político electorales del 2018, y en este contexto Veracruz representa una fuerza electoral nada despreciable, que lo convierte en un apetitoso bocado por el que se deben emplear todos los mecanismos posibles para retenerlo o ganarlo; porque es significativo que el padrón electoral veracruzano representa una suma igual al de los padrones de por lo menos seis de las entidades que estarán en juego en 2016.

En esta arena política contienden diversos grupos: uno, el que gobierna, llegado al poder de la entidad en 2004, con un bien diseñado propósito a cargo del jefe de ese clan para trascender varios sexenios; Fidel “sabía que tenía como meta crear una nueva generación de políticos para Veracruz, pero al principio no tenía claro quién iba a sucederlo”…. “Javier ya como gobernador tiene muy claro quién nos hizo… Ahorita las cosas se están acomodando…”, dijo a Edgar Hernández en magnífica entrevista en  2011 el actual presidente del PRI estatal. Este grupo rema contra la corriente, pues tras once años de estéril gestión pública enfrenta el reclamo de una sociedad que se siente defraudada, y esa es una realidad objetiva detectable a simple vista.

Al interior del Partido Revolucionario institucional, en Veracruz destacan grupos forjados por muchos años en la brega político-electoral, uno de ellos se concentra en Vanguardia Veracruzana, una Organización Política que año tras año demuestra capacidad de convocatoria, su líder moral, Amadeo Flores Espinosa, con su reconocida socarronería aguarda el momento apropiado para la acción, y sin duda pesa entre las filas del tricolor. No se requiere de dotes adivinatorias para deducir cuál es su posición en esta encrucijada. Como esta, otras organizaciones aguardan el momento apropiado para manifestarse.

Los senadores veracruzanos del PRI, ya se ha dicho, son auténticos factores de poder; su actitud ha sido muy clara, porque si bien no están divorciados del gobierno estatal al menos han adoptado una prudente distancia respecto de la forma y el fondo con los que se conduce la administración pública. José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa compiten por la candidatura priista al gobierno de Veracruz, voces calificadas en ese partido insisten en ubicarlos como los únicos, cualquiera de ellos, que representarían una candidatura competitiva, y porque además implican mantener la unidad partidista, condición sine qua non para que el PRI pueda competir con posibilidades para ganar en 2016.

Porque enfrente milita Miguel Ángel Yunes Linares, por el PAN y su posible alianza con el PRD. No es perita en dulce, es un actor social cuajado en la brega político administrativa, que lleva camino andado, y no solo por sus puntuales señalamientos al gobierno del estado, de esos que a la población le gusta escuchar porque no tiene oportunidad de pronunciarlos por sí misma, sino porque lo acompaña una trayectoria de comprobada experiencia en el ramo al que se dedica. Además, quien en esta entidad se convierta en vocero de la inconformidad ciudadana adelanta vanguardias, lo que es un fenómeno fácilmente comprobable.

¡Ah! Citábamos a Weber: “Aunque el poder es el medio ineludible de la política… y el ansia del poder es una de las fuerzas que la impulsan, no hay deformación más perniciosa que el baladronear del poder como un advenedizo o complacerse vanidosamente en el sentimiento de poder, es decir,  en general, toda adoración del poder puro en cuanto tal. El simple <político de poder>, que también entre nosotros es objeto de un fervoroso culto, puede quizás actuar enérgicamente, pero de hecho actuar en el vacío y sin sentido alguno…”

alfredobielmav@nullhotmail.com

29- noviembre-2015.