Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
09 de noviembre de 2015

Una nueva evidencia de la pésima administración de las finanzas públicas en el estado de Veracruz quedó plasmada en el Proyecto de Presupuesto de Egresos del Estado para el ejercicio fiscal 2016.

En la propuesta entregada este lunes por el secretario de Finanzas y Planeación Antonio Gómez Pelegrín a la LXIII Legislatura del Estado, se prospecta un presupuesto para Veracruz del orden de 98 mil 543.7 millones de pesos para el año entrante.

Y lo destacable es que esto representa un decremento presupuestario para la entidad de cuatro mil 31 millones de pesos, 3.9 por ciento menos de lo que se ejerce actualmente durante 2015, que son 102 mil 574 millones de pesos.

En el actual contexto de las finanzas del estado, cuando se ha autorizado solicitar nuevos créditos cercanos a los 31 mil millones de pesos, prácticamente hipotecando a Veracruz para las siguientes tres décadas, un recorte de recursos de esta magnitud significa abrir un nuevo boquete que implicará un desequilibrio que esta vez el gobierno estatal ya no podrá cubrir con nueva deuda, pues está impedido para hacerlo durante el último año de gestión.

¿Por qué se tuvo que presupuestar menos recursos para 2016 que los aprobados para 2015? Por una razón muy simple: para el siguiente ejercicio fiscal el diseño del Presupuesto de Egresos de la Federación se basó en una metodología base cero.

Esto implica que toda asignación de fondos debe justificarse, precisamente, a partir de cero, basada en un análisis costo-beneficio y justificando a detalle la totalidad de las necesidades para todo el año, con objetivos y metas definidas.

Al basar la Federación en esta metodología surgida del sector empresarial hace 50 años su proyección presupuestal para el año entrante, no le ha quedado de otra al gobierno de Javier Duarte de Ochoa que hacer lo propio. El resultado es que no sólo no pudieron aumentar el monto de lo que gastará el gobierno estatal, como tradicionalmente sucedía, sino que el recurso se fue a la baja, lo cual revela que el gasto de esta administración nunca ha estado calculado bajo premisas de contención, disciplina y orden. Todo lo contrario. Y ello quedó de manifiesto al elaborar el presupuesto sobre base cero.

Lo grave es que no podría decirse que Veracruz no necesita de ese dinero. Si con cuatro mil millones más en 2015 la administración estatal tuvo que ser rescatada con la monstruosa reestructuración de la deuda pública de hace unas semanas para evitar su quiebra a fin de año, ¿qué se puede esperar que pase en 2016, con menos dinero para el gasto gubernamental, con un gobierno en vías de cierre y en medio de un proceso electoral en el que el duartismo-fidelismo “echará su resto” para evitar entregarle el poder a la oposición?

El “año de Hidalgo” va a estar de miedo.

La alianza opositora

 

Y mientras las cuentas no le cuadran al gobierno estatal, enfrente se formaliza lo que podría llegar a ser letal para las intenciones del grupo gobernante por conservar el poder: la alianza entre Acción Nacional y el Partido de la Revolución Democrática para contender juntos en la elección de gobernador y de diputados locales de 2016.

Dicen los perredistas que a diferencia de lo sucedido en 2013, esta vez desde el gobierno no podrán desbaratar la coalición opositora.

A ver si es cierto. Porque ese PRD aún sigue teñido de rojo, aunque se ponga camiseta azulcrema.

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