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Sociedad 3.0

Monterrey, Nuevo León, 11 de noviembre.-  Para hacer realidad los principios para lograr una educación de calidad en cultura de paz, se necesita de una educación superior que pretenda la participación integral de todos los protagonistas de un aprendizaje permanente a lo largo de la vida, que enseñe actitudes y comportamientos de tolerancia y que constituya, consecuentemente, un instrumento que permite construir una sociedad cada vez más justa, igualitaria, solidaria y pacífica, dijo el doctor Carlos Arturo Luna Escudero, ante la comunidad académica de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

En el pódium de un Aula Magna abarrotada por estudiantes, profesores, investigadores e invitados especiales, el también presidente de la Asociación de Rectores del Caribe y las Américas (ARCA), postuló que el derecho humano a la paz, síntesis de los derechos humanos, debe constituir la finalidad última de la educación.

Porque, dijo, “Toda persona tiene derecho a recibir una educación que promueva y construya la Cultura de Paz, asegurándole la adquisición de competencias básicas que le permitan un desarrollo personal integral, ejercer una ciudadanía activa y responsable, incorporarse a la vida social de manera satisfactoria y aprender a lo largo de toda la vida, de manera que contribuya a generar procesos sociales basados en la confianza, la solidaridad, la justicia social y el respeto mutuo”.

De tal manera que todo el contenido, métodos, valores y principios alusivos a lo anterior, se pueden materializar en las universidades a través de la creación de la “Cátedra de una Cultura de Paz”, lo cual, además de ser una necesidad actual, es un requerimiento de organismos internacionales como la UNESCO, desde la década de los noventa del siglo pasado.

El académico veracruzano, presidente de Grupo Escolar Martí, propuso la creación de las cátedras de cultura de paz bajo como un espacio de cooperación y colaboración entre instituciones de educación superior y otros actores sociales, que busque favorecer la formación de capacidades  en el ámbito de la cultura y educación para la paz, a través, de la producción y socialización de conocimientos especializados, en coherencia con las orientaciones y mandatos de la UNESCO.

La educación constituye, sin lugar a dudas, dijo, el instrumento más valioso para construir la Cultura de Paz, pero a su vez, los valores que esta inspira deben constituir los fines y los contenidos básicos de tal educación.

“Cultura de Paz y educación de calidad mantienen así una interacción constante, porque si la primera es la que nutre, orienta, guía, marca metas y horizontes educativos, la segunda es la que posibilita (desde su perspectiva ética) la construcción de modelos y significados culturales nuevos”.

“La educación es posiblemente el agente más poderoso para el cambio cultural y para el progreso social pues permite por un lado el desarrollo integral de la persona y la concienciación sobre las problemáticas sociales; así como facilita por otro, la búsqueda y puesta en práctica de las soluciones adecuadas”, finalizó.

El Presidente de los Rectores del Caribe y las Américas fue invitado por la Alianza Internacional por La Paz (ALIUP)  a disertar este miércoles en la UANL y el jueves 12 lo hará ante la comunidad del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

 

Carlos Luna

 

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Con el doctor Francisco Guerra, coordinador nacional de la Embajada Mundial de Activistas por La Paz.