Ya pasó la comida de San Julián y los especuladores se habrán quedado en las mismas, no hubo sangre, tampoco anuncios espectaculares, mucho menos candidato. De cualquier manera, en este caso la especulación no es necesariamente producto lúdico porque se ocasiona en un escenario complicado, inédito, que sin embargo se irá aclarando a partir de esta comida acertadamente bautizada como “de la unidad”, y fue oportuna para evitar el tobogán de una perniciosa división, cuyo derrotero inevitable sería la derrota. Dependerá de la voluntad de cada uno de los actores de este proceso llegar a la decisión de la candidatura priista con ánimo de unidad, sin esta históricamente está demostrado, el PRI no avanza.