Antaño el presidente de la república retrasaba lo más que podía el momento de anunciar el nombre de quien lo sucedería en el cargo, sabía que una vez “destapado” el candidato de su partido éste iría adquiriendo mayor poder y el suyo entraría en declive vertical. Aunque ya no es igual, la percepción sobre la pérdida del poder después del quinto año es un esquema aún vigente, más todavía como en el caso de Veracruz en donde quienes pretenden el gobierno sucesor andan en campaña hace ya algunos años, sin que la autoridad en funciones haya tenido la fuerza política necesaria para calmar los ímpetus. Casi para iniciar el sexto año y a punto de conocerse el candidato priista el poder del gobernador, por cierto muy mermado por las difíciles circunstancias en que se desempeñó, entró en el tobogán. De aquí en adelante sólo queda limpiar la casa, si es que se puede; establecer compromisos con el posible sucesor, aunque ya nada está seguro, cual moneda en el aire nadie asegura de qué lado caerá. ¿Quién decide en el PRI los tiempos del “destape” y el nombre del candidato?