Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
16 de noviembre de 2015

“Cualquier poder si no se basa en la unión, es débil”. 

Jean de la Fountaine

Rescatable del V Informe de Gobierno el llamado a la unidad que se hace en momentos en que Veracruz atraviesa por un aguda crispación social.

Ello sin dejar de considerar que en la fortaleza está en nuestras diferencias, no en nuestras similitudes y que cuando se llama a la unidad, sea quien fuere el actor, hay que pensar primero en el Veracruz de los desposeídos, luego en los intereses personales o de grupo.

A 378 días del fin de un mandato inédito, en efecto, es indispensable sumar esfuerzos en favor de la unidad.

Ello particularmente porque en el escenario se observan nubarrones que amenazan violencia producto de la inconformidad partidista, resultante de la insatisfacción ciudadana y consecuencia de la crisis que vivimos.

Hoy, en efecto, se hace indispensable unirse, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos y la conseja indica que hay que hacerlo en un marco de civilidad y en un escenario de diálogo.

Y es que tras el V Informe de señor Javier Duarte, ya resuenan los tambores de guerra y los escarceos de violencia.

Ante ello se impone regresar a la memoria que lo que se obtiene con violencia, solamente se puede mantener con violencia. No la permitamos.

Está por terminar un aciago sexenio y está por arrancar otro en donde más que hablar de democracia con justicia social, regreso al orden legal y alto a la corrupción, la bandera común –de los de casa y la de enfrente- es la guerra total, el inicio de la madre de todas las batallas y cárcel para los actores de ambos lados.

En el PRI de Duarte se reclama juicio ministerial y prisión para los Yunes Linares. Del lado del PRI disidente, cárcel para los saqueadores del erario público, y en la parte del PAN un irrefrenable deseo de meter a la cárcel a Duarte, Fidel y seguidores de esa causa en lo inmediato, la primera semana del nuevo gobierno.

Decía Mahatma Gandhi que hay que oponerse a la violencia, “porque cuando parece causar el bien éste sólo es temporal ya que el mal que causa es permanente”.

Y este no es un tema de buen samaritano.

Es apegarse a tiempos y circunstancias. Es dar justa proporción a nuestro presente y futuro político. Es dar certeza a la esperanza que renace a cada cambio de gobierno.

Hoy, en momentos en que todo mundo con razón y sin ella, se le va a la yugular al gobernador Javier Duarte, por falsario, priman –sin exculparlo- los ocho millones de veracruzanos que observan y están atentos al siguiente paso que habrá de dar la pretendida democracia que nos venden los partidos políticos.

Cierto, muy cierto que la unidad es la variedad, y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo, pero en la praxis la unidad es la participación sustentada en la legalidad y en el derecho a la información.

Y es que en Veracruz ya mismo hay mucho ruido, desde luego gestado por el mismo gobierno en un afán por perpetuarse. Consideremos, sin embargo, que la oposición opositora al vender escenarios de desquites y violencia nos está empujando a situaciones como las que vive Michoacán en donde la ciudadanía y una parte del crimen organizado han tomado la ley en mano propia.

Hoy, ciertamente, son los tiempos de cambio, pero ojo, no hagamos a un lado las sentencias de que la violencia crea más problemas sociales que los que resuelve y el cambio sólo es posible en la unidad, pero en la unidad basada en el disenso, no en la que proclama el PRI para exterminar con los Yunes.

Vale la pena pues, considerar que es atractivo, muy atractivo y muy mediático que la quimera del cambio se sustente en cárcel para los saqueadores, pero más importante aún saber cómo se va a reconstruir Veracruz, cómo se va a restaurar el tejido social, cómo le vamos a hacer para pagar las deudas heredadas y cómo vamos a regresar la tan anhelada paz social extraviada en los entresijos del crimen organizado.

Antes que empiecen a sucederse las venganzas y antes que el gobierno saliente en sus estertores, empiece a soltar los últimos coletazos de venganza, debe garantizar una transición pacífica.

Y para la ciudadanía, sobre todo la que está en edad de votar, que reflexione sobre lo que quiere para esta tierra libertaria y liberal.

¿Es lo más sano que llegue al gobierno una coalición de derecha con la izquierda en donde si ganan van a partir en dos las ideologías o el poder, el dinero o los cargos?

O, ¿A Veracruz conviene un centro izquierda como es el que proclama el PRI o un gobierno reaccionario pintado de azul con piel amarilla?

Y si el asunto va por el lado del PRI de Duarte ¿estaremos dispuestos y preparados para recibir más de lo mismo y que uno de la Fidelidad encabece los esfuerzos de los veracruzanos o de plano nos vamos con Pepe Yunes, cabeza visible de la sucesión?

No hay mucha ciencia en el escenario sucesorio.

Tampoco es tan complicado decidir por donde avanzar cuando se tiene la certeza y garantía de que quien aspire encarne la voluntad de las mayorías.

Si es Pepe, vámonos con Pepe. Si es Erick pensemos y reflexionemos. Pero si es Miguel ¡cuidado!

Consideremos que en la víspera de una jornada comicial amenazadora, la violencia crea más problemas sociales que los que resuelve.

Tiempo al tiempo.

 *Premio Nacional de Periodismo