Tiempos idos aquellos en los que el gobierno cubría el importe de sueldos y prestaciones de su personal como un asunto de rutina administrativa, nada para presumir pues el recurso es de origen fiscal y no dádiva generosa del gobierno sino obligación contractual; pero ahora cumplir con esta obligación es enaltecida como logro gubernamental. ¡Vaya! Se presume hasta la entrega a los ayuntamientos de recursos provenientes de la bursatilización implementada en 2008. ¡Qué tiempos señor San Simón!