Pensando con
Por Marcelo Ramírez Ramírez
14 de diciembre de 2015

¿Compañeros de camino o simple oportunismo?

Las alianzas del PAN con el PRD son una posibilidad capaz de generar escenarios interesantes en la política electoral. Representan, por otro lado, un ejemplo de la naturaleza proteica de la política. Lo que en términos abstractos podría no parecer viable ni conveniente, por tratarse de grupos con intereses e ideologías opuestas, en el terreno de la confrontación por el reparto de las cuotas de poder, puede imponerse como una necesidad. Las alianzas pueden ser evaluadas por la ciudadanía con sentido critico que permita considerarlas legitimas en términos de los objetivos perseguidos, o ilegítimos si únicamente son producto de la conveniencia y el oportunismo de los actores involucrados. Que sea lo uno o lo otro, dependerá de la calidad de esos actores. Con ello no se hace alusión a la calidad ética, sino estrictamente política, por la cual debe entenderse la disposición de los actores principales de definir y comprometerse con un programa de acción viable que, en el supuesto de un eventual triunfo en las urnas, se transforme en políticas de gobierno, sean estas municipales, estatales ó nacionales.

La cuestión central según este enfoque, no es la alianza del PAN con el PRD, considerados tales partidos, como constelaciones ideológicas, lo cual, según quedó dicho, no es el caso, pues como se dice siempre cuando se habla sobre el tema, el panismo y el perredismo son como¨ el agua y el aceite¨. ¿Quién podría imponerse o siquiera imaginar un híbrido de esta naturaleza? Las alianzas estarán  y así deben entenderse, limitadas a alcanzar objetivos que identifiquen provisionalmente a los aliancistas. Esos objetivos, si son percibidos como auténticos por la ciudadanía, legitimarán la alianza. La oferta programática para un tiempo definido con precisión puede referirse a caminos, escuelas, hospitales, creación de fuentes de empleo; es decir, bienes y servicios que están siendo demandados con urgencia por la sociedad, en una época en que el Estado se torna omiso respecto a esas demandas. La oferta puede también incluir (creemos que así debe ser), cosas mas difíciles de cuantificar, como serían la promesa de actuar con honradez y espíritu de servicio, así como apego a los principios de transparencia, legalidad  y justicia. Como es fácil advertir en el planteamiento que aquí se hace del significado de las alianzas, lo esencial es hacer uso correcto del llamado ¨pragmatismo de la democracia¨, el cual consiste en que  políticos de ideologías diferentes, estén de acuerdo en las soluciones concretas, aunque en su fuero interno obedezcan a motivaciones igualmente diferentes.

Es claro que si lo único importante es la derrota del adversario, la alianza dependerá, para su cohesión interna de un factor externo: el adversario, desaparecido el cual, traerá aparejada la ruptura y el choque de interese. Esto ha sucedido siempre que las alianzas descansan en el propósito transitorio de asegurar el triunfo y no en hacer algo positivo con éste. Así, aunque un alianza política no sea nunca una estructura estable, por la naturaleza misma de sus componentes, ni se tenga la pretensión de crearla, (algo que creemos nadie intentaría), debe garantizar su duración por el tiempo mínimo requerido para alcanzar los fines y metas preestablecidos. Los aliados son, como decían los católicos franceses de los comunistas en su lucha común contra el nazifacismo , ¨compañeros de camino. ¨Pueden ser buenos compañeros al menos mientras caminen juntos. Eso dependerá del tipo de políticos que sean quienes se comprometen a llevar a buen término un proyecto de interés para la ciudadanía.  Toda otra forma de alianza fincada en el oportunismo, alimentado por la satisfacción egotista del poder y la obtención de beneficios materiales, estará destinada a ser parte del folclor de la política, colorido pero intrascendente e irrelevante para el bien común.

En Italia los encuentros y desencuentros de católicos y comunistas, fueron ilustrados por el escritor Giovanni Guareschi, con los dos personajes centrales de su novela Don Camilo: el propio Don Camilo, representativo del buen cura de pueblo y Pepón, el jefe comunista. Ambos, pese  a las apariencias, se guardaban respeto y consideraciones mutuas y mantenían la fiesta en paz. La calidad humana de estos personajes, nos dice mucho acerca de lo que se necesita para que quienes piensan diferente puedan convivir pacíficamente inclusive hacer algo juntos, como seria el caso de los que pactan una alianza.