En lo electoral la estrategia priista incluye, cual debe ser, debilitar al adversario, pues en todo caso se trata de una contienda para conseguir o retener el poder. De allí la dinámica en torno a impedir que la alianza entre el PAN y el PRD se concrete, pues se supone que la conjugación de estas fuerzas podría poner en serios aprietos al PRI y por consiguiente al gobierno estatal en la elección de junio próximo. Está por comprobarse si los consejeros nacionales del PRD aguantarán la fuerte presión que desde Xalapa se les extiende traducidos en sumas nada despreciables. Si el recurso es de origen fiscal es asunto de otro cantar, pero de cualquier manera quienes operan esta estrategia están bien “forrados” para hacer esos “generosos” ofrecimientos.