La crisis del sector cañero se sigue profundizando y sus impactos son muy severos para los habitantes de amplias regiones del estado donde la economía depende de las actividades asociadas a la producción de la caña de azúcar. De nada le sirve a la entidad ocupar el primer lugar nacional en la producción de este cultivo, si en las regiones productoras sólo se tiene trabajo el tiempo que dura la zafra, peor aún si se liberan las importaciones del endulzante y si continúan cerrados los ingenios azucareros.

Los cañeros del país no sólo padecen la falta de recursos para sostener su actividad productiva, también viven las consecuencias de una política gubernamental errática, que con el pretexto de mantener activa a la industria azucarera, destina fondos públicos para adquirir los ingenios que están en bancarrota y luego los oferta a precios de ganga a grupos económicos que son de su interés político y económico. Ese ha sido el círculo vicioso con el que se sostiene la política del gobierno federal para el sector.