Mutatis mutandis
Por Rafael Arias Hernández
10 de diciembre de 2015

Preocupante que  ineptitud y corrupción caracterizan demasiadas acciones de gobierno en Veracruz. El colmo, libertad de expresión entre inseguridad y embates oficiales.

No hay bases o elementos confiables para reconocer avances y logros difundidos, por la costosa autopromoción que ahora quiere cambiar la realidad  real, por la percepción oficial.

Más de cinco millones de pobres y uno de hambrientos, reconocidos por fuentes informativas y dependencias a cargo del gobierno federal, son ahora irresponsablemente ignorados, minimizados o despreciados, por imaginaria percepción o interpretación fantasiosa, de lo que sufren y padecen las y los veracruzanos.

A inocultables pobreza y hambre, se suman  inseguridad, destrucción y debilitamiento institucional, falta de infraestructura, pésima administración y deuda pública en aumento, destacados aspectos que  constituyen parte de esa aplastante realidad que se vive y padece todos los días, pero que  ahora presuntos responsables y prófugos potenciales en el gobierno estatal y sus voceros, corifeos y aplaudidores intentan esconder y se dedican a definir y reducir a una simple percepción. Negar lo evidente no es responsable ni procedente.

POLÍTICA Y POLÍTICOS DE OTROS PLANETAS-

Estos simples hechos, confirmados en la vida diaria, ineludiblemente llevan al circo de innumerables pistas, en lo que se han convertido los procesos electorales, supuestamente orientados para cambiar y renovar  representación pública y  gobierno, pero dominados en buena parte por el hampa electoral.

Con sus aspectos distintivos, porque hay diferencias entre partidos políticos; incluso algunos hacen esfuerzos por mejorar y otros por empeorar, su pérdida  de credibilidad y confianza ciudadana y social. La característica dominante es la de su alejamiento de los intereses y objetivos de la población, de sus necesidades y problemas.

Eso sí, gastan y gastan, con cargo al presupuesto y sin transparencia, ni rendición de cuentas. Notorios los dedicados a fomentar, encubrir o permitir la delincuencia gubernamental, conocidos beneficiarios de promover la unidad de la complicidad y la impunidad.

REFLEXIONES PARA EL DÍALOGO Y DEBATE-

Rescato al respecto, ideas y propuestas. Sin duda es cada vez más necesario, fortalecer el sentido democrático del gobierno, frente al creciente deterioro y pérdida del bienestar social de millones y millones de seres humanos.      

No hay partido sin ideología, en cambio, puede haber ideología sin partido y consecuentemente otras formas de praxis políticas. No hay partidos sin militantes; ni actividades políticas sin activistas. No hay política sin libertad, ni comunicación, y tampoco sin iniciativa. La política no se da sola, por si misma. Tampoco se da en cautiverio asfixiante. La libertad es su condición; pero no es suficiente, hay que vivirla, ejercerla plena y responsablemente. Derecho que no se ejerce y que no se defiende es letra muerta o simplemente buenos propósitos.

La política sin ética, sin código moral es aventura, codicia y ambición personal o de grupo, es saqueo y rapacidad. La política es la capacidad de servicio, es profesión de buena fe, de honestidad y de entrega. Política debe ser sinónimo de servidor público. Servir no es servilismo; tampoco es servirse y aprovecharse.

Militantes y activistas sin ideología son autómatas o simples empleados. Militantes y activistas sin compromiso social y políticos son mercenarios o actores ocasionales, disponibles al mejor postor. Militantes sin dignidad son mercancía desechable, servilismo al mejor postor.

Un partido sin crítica en cualquiera de sus formas y en especial sin autocrítica, no es un partido político. Acaso una organización rígida burocracia, de dogmatización excesiva, de mínima participación y carente de actividad democrática interna. Es también una organización destinada o no entender a tiempo su tiempo; a no apreciar la necesidad y la presencia del cambio, y mucho menos sus características. Está condenada a no distinguir el riesgo y la obligación de actuar eficiente y oportunamente; a confundir inanición con tranquilidad. A no diferenciar la inconformidad de la rebeldía; la indiferencia de la pasividad; la incapacidad de la complicidad. A confundir  orden con inmovilidad.

La ideología y su praxis distinguen al partido de otras formas de agrupación social. La distinción radica precisamente en que el principal objetivo del partido es la conquista y el ejercicio del poder político. Por la vía de la voluntad popular y mayoritaria, si pretende ser representativo; por la designación unilateral y la orden cumplida, si obedece a otros intereses; por imposición, resulta la antítesis de la democracia.

La idea y el hecho son en última instancia, los principales elementos que dan congruencia al quehacer humano. En un partido político es todavía más clara la relación dialéctica entre el decir y el hacer. Es propiamente su carta distinción, prueba irrefutable de buena intención. Congruencia, es la consistencia de la representación.

El cambio es signo de nuestro tiempo. Lento o vertiginoso, planeado o imprevisto; endógeno o exógeno. Todo está en constante movimiento, permanente reflujo y contradicciones. Incluso, cambia hasta la idea del cambio. Señal de que la realidad está llena de vida y esperanza.

En todas estas oportunidades, si se es verdaderamente progresista, la fe en la justicia se debe acrecentar. Así, la confianza ciudadana y social debe fortalecerse en hechos. Organizarse a cada paso en  optimismo y  objetividad. Más allá de  adversidad y  contratiempos.

Todo trabajo requiere de disciplina, pero también de evaluación permanente que asegure que lo que se obtiene es lo que se requiere; que garantice que la dirección tomada es la correcta; que evite el fracaso y minimice la pérdida. En política no se trabaja por trabajar; ni para simular ni para ver que sale. Costosas improvisaciones y ocurrencias.

Tratándose de cuestiones públicas, de actividades gubernamentales, obligado señalar errores, limitaciones y fracasos. Imprescindible ejercer oportuna y ampliamente la crítica, externar puntos de vista diferentes y manifestar desacuerdos.

Pero también, es necesario reconocer y apoyar lo que se haga bien, los pocos aciertos, si los hay, cuestan y tardan demasiado. Sobre todo, si se trata de provocar un cambio  positivo en los hechos.

Interminable esfuerzo de dialogo y debate. Indispensable que en la civilización de la pluralidad, mostremos y sostengamos intenciones y coincidencias, acuerdos y  puntos de unión.

 

+Académico.IIESES-UV @RafaelAriasH. Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez