Sin tacto
Por Sergio González Levet

 —En esto de la sucesión de Veracruz, los aceleres son y han sido inevitables siempre, mi pequeño Salta —el maestro me ha encajado el apodo y no me queda más que aceptar su sentido del humor y su calidad inenarrable de jodón, dicho con todo respeto.

Una vez más estamos frente al mar. En ese mismo mar por el que llegaron tantos invasores que nos dieron a los veracruzanos las muchas H -de heroicos, de humildes, de honorables, de honestos, de hijos… de la patria-.

Las olas vienen y van, acompasadas con el ritmo que siempre han marcado los vientos: las que van, van, y las que vienen, vienen (gracias Juan Rulfo, gracias Yayo Gutiérrez cuando te ponías en plan de poeta).

Estamos frente al mar, ante esa inmensidad que siempre recomienza y que tiene la capacidad de volver filósofo hasta a un diputado… ummm… bueno… sí… hasta a un diputado local. El Gurú ha tocado el tema inevitable, el que está (como antes el sexo) en la boca de todos, pero ataca con fervor un subtema que también es recurrente: el de los acelerados. Ya verán.

—De los acelerados está lleno el camino de las buenas intenciones, ése que lleva empedrado hasta el infierno Y son los que hacen aún más difícil este proceso, que de por sí es complicado. Como tenemos tiempo y la ocasión, podría ahora mismo intentar una taxonomía de los tipos de aceleres que estamos viviendo y sufriendo:

—1. Los que la buscan para ellos mismos, y creen que el asunto se puede resolver con un madruguete, con una mentirijilla que a fuerza de repetirse se vuelva verdad, con una marrullería propia de su formación entre corruptelas y golpes bajos.

—2. Los que están a rabiar con un solo aspirante, porque consideran que su llegada les va a resolver los problemas económicos y la necesidad de poder que han sufrido a lo largo de su vida.

—3. Los que piensan que este asunto se resuelve a punta de periodicazos y en lugar de publicar objetivamente, obligan a los lectores a hundirse en un mundo de mentiras, calumnias, infamias y filtraciones malintencionadas.

—4. Los que están con un aspirante, aunque éste ni se dé por enterado de que tiene tan formidables aliados. Representan la cargada o bufalada que nunca falta en estas ocasiones, y como siempre, no sirven para nada en la definición de quien será el elegido.

—5. Los huérfanos del poder, las viudas de grandes personajes ya idos, los hijastros adoptivos que buscan un nuevo asidero y se aferran a un aspirante como si en ello les fuera la vida… que les va.

Un fuerte viento nos llenó de arena hasta el entresijo, nos desparramó el orden del ambigú y nos puso a trabajar intensamente para reducir los eólicos estropicios. Fue un aire momentáneo que también en un instante fue reparado en sus consecuencias, así que en unos minutos estábamos de nuevo ante nuestras bebidas rescatadas y con el maestro en franca salida de sus filosofadas:

—El remedio para estos acelerados es que entiendan que su voluntad no cuenta para nada en el asunto; que la decisión viene de arriba, de muy arriba, y tomará en cuenta factores de orden estrictamente político, no personales; que no tienen el poder para inclinar ninguna balanza, … que hagan lo que hagan, la solución será una que está fuera de su alcance, como ellos lo están de todo.

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