La gracia es algo que simplemente no se le da al gobernador de Veracruz, tratándose del debate público con sus adversarios, Javier Duarte de Ochoa muestra su escasa habilidad en el manejo del lenguaje y la ironía política, herramientas clave para formar opinión pública, sobre todo si se recurre a las redes sociales que rápidamente hacen subir o aplastan un posicionamiento surgido de la cuenta de una figura pública de relevancia como es el caso de un gobernador que trasluce su enojo o su afán de pelea en cada expresión.

Pero no sólo es el desafortunado uso de las palabras del gobernador de Veracruz, lo relevante en este caso es su desmedida preocupación por los asuntos de la política electoral, desde hace meses, su tiempo lo ocupa en seguir y opinar sobre las actividades de sus opositores y críticos; la acción de gobierno para procurar el bienestar social de los veracruzanos ha pasado a segundo plano en la agenda de Javier Duarte.