Por David Quitano Díaz 
04  de diciembre de 2015

 

La tierra no es herencia de nuestros padres sino préstamo de nuestros hijos

Pensamiento Indoamericano

La 21 Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrado en París, Francia, es un hecho que se presenta como una cumbre más, pero que a su vez es quizás la más importante de todas para la humanidad.  

Michael Bloomber, Fundador de Bloomberg Limited Partnership, publicó en la prestigiada revista Foreign Affairs (2015 Octubre), un artículo titulado “El siglo de las ciudades”, donde menciona que hace 100 años, casi dos personas de cada diez vivían en zonas urbanas.

Para 1990, la cifra era de cuatro de cada diez. En la actualidad, más de la mitad de la población mundial radica en zonas urbanas y casi el 70% lo hará para cuando los niños que hoy ingresan a la primaria hayan cumplido 40 años.

De igual forma las ciudades son responsables de por lo menos el 70% de los gases de efecto invernadero. Esto quiere decir que las actuales condiciones demandan que los ciudadanos pugnen por una gobernanza real para resolución de problemas de índole ambiental y económica.

Que circundan como verdaderos ciudadanos, donde la consecución de los fines ambientales y sociales  radique en cómo las ciudades conciban las políticas públicas necesarias, para que la acción de gobierno se compagine con la cotidianidad ciudadana.  

Sobre todo cuando las ciudades y los municipios son los mejores medios para concientizar a la población de las implicaciones del cambio climático. Es imprescindible que desarrollen las administraciones locales como verdaderos agentes de la sustentabilidad y sostenibilidad ecológica.

Para desarrollar esos aspectos las ciudades requieren concebir técnicamente el mejor sustituto del financiamiento federal que debe ser la innovación en su política local, en el entendido de que en el núcleo de las ciudades es donde surgen las ideas, se forman las más robustas coaliciones políticas e instan a los gobiernos a adoptar mejores políticas públicas.

Porque además los métodos más eficaces para combatir el cambio climático también son la mejor manera de fomentar la salud pública y elevar el nivel de vida.

Para emparejarlo a lo local se requiere que la retórica en los discursos se materialice en la protección del ambiente de manera nacional y con una coordinación en la supranacionalidad.

Para que las externalidades positivas que genera la industria pesada en el ingreso, vaya acompañada de un impacto negativo cada vez menor en el ecosistema.

Donde para el caso de México según el cálculo realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la contaminación en el país tiene un costo: 14,000 millones de pesos. Esta cifra tan solo de enero de 2010 a 2014.

Además, en el mismo periodo se registraron más de 19,000 muertes prematuras en las 34 ciudades más grandes del país –que exponen a casi 59 millones de habitantes a su polución–, las cuales fueron analizadas por el IMCO en su calculadora de riesgos por contaminación atmosférica en el mismo año.

En este sentido, de los 14,000 mdp que costó al país la contaminación, 11.5 mil mdp corresponden a pérdidas de productividad y 2.5 mdp a gastos en salud (muertes prematuras, 19,242; hospitalizaciones, 53,191; y consultas médicas, 3 millones 110,072).

El estudio destaca que cada año la contaminación en México impone costos por 4,123 mdp, cifra que equivale al 50% del gasto en medicinas del IMSS; y de este costo anual más de 3,395 mdp por pérdidas de productividad por muertes prematuras y ausentismo laboral; mientras que 727.8 mdp por gastos en salud.

El cambio climático nos alienta a que las ciudades resuelvan sus problemas, inviertan en su futuro y aprovechen el potencial de sus habitantes; si no realizamos a conciencia dada uno de nuestros movimientos como seres humamos el mundo se nos vendrá encima.

Recordando:

El crecimiento verde sustentable y sostenible es impostergable.

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