Camaleón
Por Alfredo Bielma Villanueva
05 de diciembre de 2015

Se entiende: la decisión de la candidatura corresponde al presidente de la república; la responsabilidad de que todo salga bien es del gobernador.

Aunque haberse formado en la escuela de Fidel Herrera Beltrán no debiera revestir ningún signo de orgullo, a juzgar por la forma en que desgobernó Veracruz, ni mucho menos constituye garantía de una formación política con compromiso social porque es bastante reconocida la lúdica inclinación del rector de esa Escuela hacia el ejercicio patrimonialista del poder, debe respetarse al ciudadano Duarte de Ochoa lo que siente y reconoce de su hacedor político. Lo que no obsta para que desde el llano desaprobemos las enseñanzas de esa forma de concebir el poder ya que heredó a su sucesor una pesada deuda pública y un desbarajuste financiero-administrativo que ha gravitado onerosamente sobre la población veracruzana.

La anterior reflexión deviene de la muy completa crónica de Arturo Reyes sobre lo que expresó el gobernador en reunión con periodistas, por cuanto a que arroja información fidedigna acerca de lo que opina, piensa y planea uno de los actores fundamentales del proceso electoral con vistas a la sucesión de gobierno 2016. Según Reyes Isidoro el gobernador les confió que el presidente Peña Nieto manifestó: “En el tema de la sucesión, me dijo: Javier, nunca me has fallado, pero esta es la decisión más importante de tu vida, no te puedes equivocar, con lo cual me está dando la gran responsabilidad” y, según se ve, es evidente que no le pidió guardarlo en secreto.

Independientemente del desliz que un comentario de esa naturaleza pudiera significar, el detalle aporta una constancia adicional respecto del desarreglo de nuestra democracia, pues muestra a un gobernador no sólo militando abiertamente en favor de su partido, sino difundiendo detalles de su participación en un proceso cuyo campo de acción corresponde a las organizaciones políticas. Está en la genética de la ortodoxia priista el que cuando este partido hace gobierno el alcalde, el gobernador o el presidente de la república se convierten en “el primer priista”.

Para efectos del análisis, lo que se lee nutre de información y esparce luces sobre cuanto acontece; ahora ya sabemos que la encuesta como procedimiento para seleccionar al candidato no se encuentra entre los preferidos; además, en el contexto de las revelaciones deriva la inferencia de que el senador José Yunes Zorrilla lleva prelación en el ánimo del gobernador, aunque Duarte no oculta que “el tema no es apoyar a un compadre o a un amigo, sino a un proyecto…”. Cuál proyecto, ¿el diseñado por Fidel Herrera para trascender sexenios? ¿Acaso se pretende imponer un continuismo? No hay cartas ocultas, ya lo ha dicho Silva Ramos: en enero surgirán más nombres, el suyo incluido, por supuesto.

Si al presidente nunca le “ha fallado” el gobernador de Veracruz es asunto de interpretaciones varias, porque lo que realmente importa es saber si Duarte de Ochoa no le falló al pueblo al que juró servir. Pero se entiende referido a lo electoral, porque debe reconocerse que en la elección federal de 2012 el PRI veracruzano aportó un buen número de diputados al Congreso de la Unión y dos senadores por el principio de mayoría relativa, no obstante el candidato a la presidencia Enrique Peña Nieto no ganó en Veracruz, sería extraño que este “pequeño” detalle no gravite en el ánimo del presidente?

A partir de esta delegación de esta responsabilidad sucesoria a favor del gobernador veracruzano ¿cuál sería el papel del presidente nacional del PR si lo hacen a un lado porque se operará directamente con Gobernación? Nótese que esta deducción deriva de la visita del gobernador a Bucareli al día siguiente de la comida de la unidad y da pie para pensar que esa estrategia no sería descabellada si se considera que se están preparando las condiciones para la elección de 2018, y así, con Manlio fuera de la acción, no se requiere de un perito en criptografía política para desentrañar quién no se encuentra en la agenda sucesoria.

Las circunstancias obligan a la unidad, pero es incuestionable que el exceso de “franqueza” no aporta mucho a ese fin; ninguna estrategia para unificar filas es eficaz cuando innecesariamente se hieren susceptibilidades revelando pormenores de la entrevista con uno de los actores conminándole a bajarle los decibeles a su discurso, salvo que de plano en la intención se encierre el mensaje.

Por otro lado, fue una excelente idea la comida de la unidad en San Julián, es señal que algún cerebro adiestrado en estas lides está asesorando a quienes deben de actuar para añadir mesura al ambiente, que ya parecía competencia pugilística al interior de la misma cuadrilla.

El marco en que rindió su informe el senador José Yunes Zorrilla fue una multitudinaria concentración de ciudadanos veracruzanos llegados de diversos puntos de la entidad, fue foro para pronunciar un discurso de menor confrontación porque los tiempos claman por la unidad ya que un PRI dividido no camina, así se ha demostrado cuando emplea métodos como la “consulta a la base” o cuando la clase política se siente agraviada; referencia clásica es la elección municipal de 1997 cuando el PRI perdió 107 de 205 municipios ya que la clase política priista estaba dolida y marginada.

No debe quedar al margen recordar que en 2010 quien dirigió la orquesta electoral en el PRI se formó en la escuela de la mapachería, de la trampa, en la simulación y la mentira, que sabe manejar los tiempos, que conoce y guarda relación con casi toda la nomenclatura priista, lo que le facilitó soportes, no representa lo mejor del priismo histórico pero su modus operandi le propició escalar posiciones políticas de importancia; ese acervo le sirvió para salir adelante en cuanto trance electoral se le presentó y la prueba más difícil fue la de 2010 cuando superó enormes escollos, aunque para ello se apoyara en un gran caudal de recursos.

Tampoco debe soslayarse que uno que otro de esos atributos desafortunadamente pudo haber sido inoculado o abrevado “fielmente” en la “escuela” de que ya se habló y que los “nuevos” priistas esperan que haya capacidad para maniobrar como lo hizo el “maestro”, porque quizá para eso sí haya dinero, pero ¿habrá similar capacidad operativa? En resumen, la decisión sobre la candidatura será del presidente, la responsabilidad de no equivocarse es del gobernador, además, claro, de entregar buenas cuentas porque está en juego algo más que una gubernatura, que no es poco.

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