Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
18 de diciembre de 2015

De plebeya a reini sólo le bastó un brinco.

Y lo dio.

Gracias a ello entró por la puerta grande, flotando; en medio de la gracia de la corte imperial que le dispensó todo tipo de lisonja.

Con sus finas gasas que más que vestir, acariciaban su esbelto cuerpo arribó a Palacio. Aunque déjeme aclarar que para llegar ahí, hasta donde está lo mejor de lo mejor, donde la reverencia es lo de menos, no es fácil, ni es dar cualquier tipo de brinco. Es transitar del infierno al cielo hasta llegar donde está el poder y esa riqueza sólo parecida a la de Ali Baba.

Er, perdón, vaya torpeza… relataba que esa grácil figura cruzó hasta llegar donde sólo unas cuantas, las mejores, pueden llegar… Y es que ese talle, esa generosidad superior, turgente. ¿Y qué  me dice de esa angelical cara?.. ese piernón loco ¡Ups, perdón!, esas extremidades inferiores ¡mmm… ¡Vaya cromo!

Y pensar que hace algunos años sólo era una simple educadora del Cobaev, una institución que como diría Sancho no vale más de tres habas para el poder establecido.

Es un puente que a nadie le da más allá de la dirigencia sindical de los bachilleratos de todito Veracruz.

Erika, sin embargo, pegó tamaño brinco, que digo brinco, salto descomunal, para desde ahí alcanzar la dirigencia priista, luego a el liderazgo cenopista y en unos días más a la senaduría, una vez que Héctor Yunes Landa pida licencia.

¡Qué bárbara!

Y ya sabe usted cómo andan los envidiosos, esos que se retuercen del purito coraje.

Aquellos que estudiaron y estudiaron hasta alcanzar licenciaturas, maestrías y doctorados para que así de fácil se crean con derecho a lo que Erika ha ganado con el… dejémoslo con el sudor de su frente.

Y es que no es que ya llegues y ya te den todo.

Hay que tener clase. Hay que ser “reini”. No es nada más que la plebe estudiosa, preparada y con años de quemarse las pestañas, pida, se la den, entre y ya.

No, no, no…

Tampoco es de hacer cola como si fuera la tortillería porque entonces dónde queda la clase, la catego, la inversión en lavandas francesas, esos vestiditos de Dior o de la señora Herrera –no la Borunda, sino Carolina- y esos zapatitos Prada o de los más caritos Lou Boutin.

No, por Dios.

Seamos serios. La Ayala es “Reini”. Es una gran mujer, auténtica… bueno casi… una que otra planchadita trae tatuada, aunque en realidad hay que decir que es producto de una ardua preparación en el gym, su bien cuidada su alimentación y no lo crea, pero para alcanzar la cima hay que trabajar la plaza bien duro.

No aceptar invitaciones de pelagatos, tampoco rozarse con el infelizaje ¡faltaba más! Y tampoco mostrarse mucho, sólo cuando sea necesario y siempre en compañía de las damas de honor o sus pares, las “Reinis”.

Así fue como se chingó a medio mundo para colocarse hasta arriba, perdón, como alcanzó tan anhelado sueño rosa de llegar incólume a las más altas esferas del poder a codearse con los que beben de “Petrius” para arriba, los de Salvatore y Canali, esos de nuestro amigo Louis Vuitton, sport con Nike, H&M para la cosmetología, Gucci para ese relojito, Hermes para no oler a león, Zara para lo casual, Coach para verse más cuero, Prada para ese sombrerito dominical y Chanel, no el 5 que es para el sector de las viejas emperifolladas.

Por ahí anda el tema.

 Por ahí ha transitado nuestro personaje, que en dos lustros ha dejado honda huella en la familia real.

Las leyendas palaciegas cuentan incluso que una vez se atrevió a probarse el zapato de la Cenicienta y ¿qué cree? ¡le quedó!.. Pero bueno, eso no es todo. A la Fidelidad se la echó… a la bolsa; también a los Duartistas, hasta esos que son tan exquisitos, tan delicaditos, tan…modositos y a esos que son de ida y vuelta.

Erika Ayala hace unas horas fue reelecta como secretaria general del Sindicato Unico Independiente de Trabajadores del Colegio de Bachilleres hasta la siguiente década.

Y vaya si no será independiente este gremio que democráticamente decidió que más bien la “Reini” será su lideresa ad perpetum, porque ¿Quién tenga reini que la mantenga? ¿No pasa igual con Isabel de Inglaterra que desde hace 91 años es su “Reini”?

En fin, no hay para que darle tantas vueltas. Las reinis llegaron para quedarse hasta que se vayan.

Tiempo al tiempo.  

 

 *Premio Nacional de Periodismo