Para propios y extraños ha causado sorpresa la derrota electoral del “chavismo” en Venezuela, pero más ha llamado la atención que el propio presidente Nicolás Maduro reconozca públicamente la derrota y acepte los resultados adversos para el Partido Socialista Unido de Venezuela. Si bien había una expectativa en el crecimiento de la oposición, existía una incertidumbre por las reacciones del sector gubernamental ante una eventual derrota.

Los vencedores de la contienda en Venezuela es la oposición representada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que es una coalición de partidos que ha incluido a un amplio espectro ideológico político contra la hegemonía chavista y que en esta elección presentó candidatos de centro, agrupados en Primero Justicia; otros de inspiración conservadora, que representa Voluntad Popular; y una vertiente muy conservadora, que se aglutinan en el Partido Acción Democrática.

Con su victoria electoral la Mesa de la Unidad Democrática estaría logrando un control absoluto del congreso Venezolano con lo que se espera la promoción de una serie de reformas legales permitan dar marcha atrás al férreo control político del Chavismo.