El 2015 termina igual que empezó: con protestas de miles de veracruzanos que ocupan las calles y edificios públicos, en reclamo de que el gobierno del estado cumpla con el pago de sus prestaciones laborales. Mientras el gobernador de Veracruz ocupa su tiempo en asuntos de política electoral, las finanzas públicas parecen estar a la deriva, al menos no están destinadas para resolver las necesidades más apremiantes de la población; sumamente grave resulta que hasta los pagos de aguinaldos y salarios de miles de empleados del estado estén en riesgo, cuando todo eso esta preestablecido en el presupuesto.

Esta penosa situación que padecen los veracruzanos se podría evitar si en quién decide la orientación del gasto público existiera una dosis de sensibilidad social y por supuesto existiera un manejo ordenado y racional de las finanzas. Lamentablemente estas características no acompañan las decisiones de Javier Duarte que en asuntos de política electoral si esta dispuesto a echar la casa por la ventana con el fin de evitar el avance de la oposición política; como paradoja, en 2016 la población podrá advertir el derroche del dinero en asuntos electorales.