Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
01 de diciembre de 2015

Creamos que Javier Duarte es el gran elector y autor del “Dedazo” en favor de Pepe o de Alberto o remotamente de Héctor, pero no demos por consumada la alianza PAN-PRD y sí creamos en la renuncia Francisco Valencia al organismo del agua para jugar la candidatura a la gubernatura por una izquierda que anda en pos de la unidad.

¿Por cuál partido?

Su ascendencia hacia el Partido de la Revolución Democrática, su presencia y prestigio nacional, sus amigos y relaciones con Graco y Silvano, dueños de las plazas de Morelos y Michoacán y su amistad con Javier Duarte, lo colocan en la línea de arranque.

En las puertas de las definiciones el legendario “gordo” Valencia envía una misiva-renuncia al gobernador Duarte.

En ella reconoce en el mandatario su disposición plural al hacerlo participar en las tareas de gobierno “primero como secretario del despacho de comunicaciones y en la última como director general de la Comisión de Agua del estado”.

“Sin embargo es mi obligación moral y legal separarme de cualquier encargo público para seguir un proyecto más amplio al cual represento y poder ofrecer mi trabajo al bien de Veracruz y los veracruzanos”, dice.

Pero ¿Cuál es ese proyecto?

Bueno, pues sin lugar a dudas, ese proyecto es jugar la candidatura a la gubernatura por el PRD en varios escenarios:

  1. Pulverizar la presunta alianza o coalición PAN-PRD cantada por sus dirigentes estatales, pero aún no declarada por el alto mando de México.
  2. Acaso no alcanzar la gubernatura, pero sí lograr con su participación posiciones legislativas para su partido y, lo más importante, empujar al PRI a la victoria con quien guarda afinidades.
  3. Y tras su participación electoral poder transitar a otras responsabilidades de corte electoral como podría ser un escaño en el Senado de la república o una posición en el gabinete.

En política todo paga y si Valencia suma o resta al juego electoral tiene que ser retribuido.

Pero además el juego podría tener otras aristas si Morena decide finalmente aliarse con el señor Valencia. Ello de tal suerte que la voltereta, con la participación ciudadana, lo podría colocar como el gobernador electo el primer domingo de julio de 2016.

¿Imposible?

No tanto si se considera que amplios sectores de la población veracruzana simpatizan con las corrientes de izquierda, amén de que es más gallo Valencia, que cualquier otro de los pollos como Uriel Rosas o Cuitláhuac García.

A ello hay que sumar el ingrediente México.

La izquierda sabe que si se gana el 2016, Andrés Manuel López Obrador estaría en la más seria posibilidad de arrebatar al PRI la plaza en el 2018, sustantiva para la presidencial.

Veracruz es la segunda reserva electoral de la república con 1.4 millones de votos y en la sumatoria el PRD y Morena tienen en la bolsa más de 600 mil sufragios (Morena alcanzó 400 mil votos en la pasada contienda electoral), así que no hay sueños imposibles.

Francisco Valencia no está dando un salto al precipicio, solamente está jugando con lo que trae… que no es poco.

Y que si es ficha de Duarte para enriquecerlo más pues tal vez sí, tal vez no. El punto es que el ruido que el “gordo” meterá al proceso electoral 2016 va a poner a temblar a más de uno.

Tiempo al tiempo.  

 

*Premio Nacional de Periodismo