Línea Caliente
Por Edgar Hernández*

¡Veracruz vive la política de la chimoltrufia!

 

Señales equivocas, afirmaciones sin sustento, presencia que más pareció ausencia en Veracruz del dirigente nacional priista, Manlio Fabio Beltrones, presuntos encuentros del primer priista estatal, Javier Duarte, con los actores de la sucesión y llamados en el desierto a la unidad y disciplina, así como la total fractura de la ortodoxia política, son el síndrome que vive Veracruz en las puertas del “destape”.

¿A quién creerle?

Por dónde transitar cuando no se sabe si el gran elector es el presidente Enrique  Peña Nieto o el gobernador Javier Duarte, si la ruta para la sección del candidato del PRI a la gubernatura 2016-2018 se define por prestigio, trayectoria o por quien garantice sea por encuesta, consulta a la base o por designación de asamblea de delegados del Consejo Político previa consulta a la base.

O simplemente será por la vía de un vil “dedazo” y consecuentemente anuncio de prensa.

En síntesis ¿por dónde transitar cuando lo mismo se dice una cosa que se dice otra ya que vivimos la auténtica política de la Chimoltrufia?

Ello es, lamentablemente, lo que se vive todos los días en Veracruz.

En un marco de confusión. De una creciente división política. De una presunta victoria panista, hoy más unida que nunca en favor de Miguel Angel Yunes Linares, quien este sí, se los puede “chingar” como dirían los clásicos.

¿Y México… y Peña Nieto, dónde quedan?

El centro no pela. No existimos. Somos invisibles. Ni dan apoyo, ni dan dinero. Tampoco definen nada. Allá no saben si Veracruz va bien o nos está llevando el tren.

Ignoran o aparentan ignorar que ya viene el cambio y que el clamor generalizado es que llegue a su fin la Fidelidad que tanto nos ha lastimado, que nos ha saqueado y nos ha heredado un estado fallido.

Concluye la semana con una escalada declarativa en donde lo que se dijo hoy pierde vigencia mañana y en donde lo que nunca se debió decir en materia sucesoria, rompiendo reglas de juego no escritas, hoy tan solo es lenguaje coloquial, de infidencia periodística.

Vivimos en un estado bizarro.

Ya desde la víspera del III Informe legislativo de Pepe Yunes el rejuego político empezó a tomar tintes de abierta confrontación en los dos PRI que hay en Veracruz.

Del lado del PRI oficial poniendo en juego toda su maquinaria mediática para destruir a los Yunes e imponer a quien los solape y  encubra y del otro PRI –el que quiere el fin de la Fidelidad- empeñado en no cambiar el discurso político y llevar a la cárcel a los saqueadores de Veracruz.

Es ese deseo inalcanzable de romper la unidad Pepe/Héctor que este lunes se hará de nuevo manifiesta cuando se reúnan los dos equipos de trabajo para marchar de la mano por el proyecto de los ocho años.

Es ese empeño que nomás no logra el PRI del “Cisne” por más que invierte carretadas de dinero.

Tampoco se le da en la organización de las corrientes mayoritarias dada la fuerza masiva manifiesta por Héctor y Pepe en sus respectivos informes legislativos.

Y tampoco acaba de convencer  el rijoso dirigente estatal, a quien lo mata en primera instancia su vanidad y hedonismo, ese insistente llamado a la unidad; tampoco esa misoginia que arrastra y traduce en rechazo al género.

Lo que sí le sale muy bien es ser motor de Miguel Angel Yunes Linares, a  quien denosta, ofende y acusa sin real sustento creando un efecto boomerang que no hace más que hacerlo crecer y crecer.

Por ello Miguel Angel Yunes Linares está feliz, está tan satisfecho que ha comentado que una vez que sea gobernador de Veracruz va a contratar al señor Silva Ramos como su “jefe de relaciones públicas”.

Vaya tema.

Así, en ese escenario lo único claro es que de todo el intríngulis el único que no ha sido considerado es el elector, el pueblo veracruzano que observa en el hartazgo, en el enojo y en la determinación de cobrárselas todas juntas a la pandilla en el poder.

Hoy en Veracruz vivimos un estado de confusión producto de que a nivel cupular ya se determinó la autoría del “Dedazo” que supuestamente será local.

Se mandó al carajo al priismo veracruzano, al pueblo elector, a Enrique Peña Nieto, a Manlio Fabio Beltrones y su PRI nacional, a los contendientes, a la democracia y a la jornada electoral del 5 de junio del 2016 con el apotegma de “Yo nunca he perdido una elección y no tengo la menor duda que vamos a ganar la gubernatura”.

Vamos a otra cosa los que aspirábamos a un juego democrático.

La confusión es tal que después del galimatías político sobre quien decide la sucesión, queda más claro que el chapopote, que hoy en Veracruz no se gobierna para ocho millones de veracruzanos, sino para el PRI.

No cuentan las instituciones, ni la pluralidad, tampoco el respeto al derecho de terceros, menos la libertad de expresión –y cuidado de no excedernos quienes nos dedicamos a la moderación de la opinión pública porque la lista de periodistas muertos aún no se cierra-.

Y al cuerno la rendición de cuentas.

Hoy obligadamente vamos abrazarnos a “primero el programa luego el hombre” que proclamó Jesús Reyes Heroles, que nos recuerda Alberto Silva sin aclarar que Reyes Heroles y la dirigencia priista que encabezaba nunca pudieron cumplir ese compromiso democrático porque el propio presidente Luis Echeverría se adelantó con un madruguete al imponer a José López Portillo y despedir con cajas destempladas a su casa a don Jesús, quien nunca más quiso saber del PRI al que quiso significar como democrático, igual que lo pretendió Carlos Alberto Madrazo, muerto en extraño accidente aéreo.

Termina el año.

Transitamos a las últimas acciones de gobierno y de partido. Los apostadores agotados se van a su casa a pensar y reunirse en familia. El cinco de enero deberán estar desde el alba muy pendientes ya que a partir de entonces en cualquier momento se dará la definición y entonces sí, la guerra.

Habrá que considerar a Pepe y Héctor más unidos que nunca cuando se diga que el “bueno” es el Cisne y más que de opio, de realidades, será el despertar cuando se registre la unión Pepe, Héctor, Miguel, el otro Miguel y Fernando, todos Yunes contra eventual imposición de la Fidelidad.

Habrá que estar pendiente además de ese gigante dormido, Morena, que de la mano de la izquierda podría sumarse al proyecto de un Yunes.

Decididamente no hay que morirse ya que –hoy sí- lo mejor está por venir.

¿De la mano de quién?.. Tal vez de algún caballero de la política.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo