Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz
11 de diciembre de 2015

Dice Octavio Paz que “la fiesta de Guadalupe, el 12 de Diciembre, es todavía la fiesta por excelencia, la fecha central del calendario emocional del pueblo mexicano”. A esta fiesta acuden todos los desamparados, los huérfanos del destino que fueron abandonados en la desgracia.

Pero como huérfanos que son también acuden a la basílica aquellos que no tienen madre, trúhanes y desalmados; ladrones y corruptos que piensan que con un día de penitencia pueden hacer el resto del año lo que les plazca.

Cierto que para muchos la virgen sigue siendo la madre de Dios, la mensajera que puede llevar los ruegos de los fieles hasta el trono del señor. En un país como el nuestro, donde nuestras propias autoridades ya no nos escuchan, la virgen intercede por todos, files e infieles, indios y mestizos, honrados y pobres; porque la virgen no hace ninguna discriminación y lo mismo socorre al que ha sido saqueado como al saqueador. Basta con que un sólo día el sujeto haya ido al templo a cantarle las mañanitas o haya llegado de rodillas hasta su altar, con las llagas sangrando, demostración evidente del amor y la devoción hacia la morenita del Tepeyac.

El mismo gobernador Javier Duarte declaró en pleno palacio de Gobierno que él es guadalupano, y ¿qué significa ser guadalupano? Significa ser un devoto de la virgen, significa ser un afiliado a las reglas de la tradición, significa ser un practicante de la doctrina de Guadalupe madre, quien no pide mucho, sólo una vez al año hacer un sacrificio, entre más sangriento mejor, para poder gozar de completa impunidad por el resto del año.

Con el 12 de diciembre, día de la virgen de Guadalupe se inicia un maratón que se prolonga hasta el 6 de enero, día de los Reyes Magos. Entre estas dos fiestas se presentan ocasiones para los excesos. Comemos en demasía, tomamos en demasía, amamos en demasía y hasta odiamos en demasía; y ya saben lo que se dice, que todo en exceso es malo. Es por ello que los fieles hacen bien al brindarle el primer día de ese maratón a la morenita del Tepeyac, la que nos aceptó a pesar de ser indios, porque dice la iglesia que la Guadalupana también es india, morena de ojos marrón, como la sulamita de Salomón.

Así es que los templos se llenarán y las personas ya andan peregrinando, recorriendo grandes tramos a pie, como si no hubiera autobuses. Pero hay que hacerlo así porque del tamaño de la penitencia es el perdón; del tamaño del sacrificio será el pecado.

Yo no sé si hay un tabulador para eso, pero debería haberlo. Una especie de escala que te diga cuantos kilómetros hay que recorrer a pie para determinado pecado. Digamos, si el fiel piensa fornicar una vez por quincena (porque a estas alturas hasta pecar sale caro), pues deberían decir cuantos kilómetros a pie debe caminar el peregrino; y si el sujeto sólo piensa mentir, o echarle una mentada de madre a algún funcionario corrupto, a lo mejor a ese lo dejan llegar en taxi a la basílica.

Pero qué hay de nuestros funcionarios corruptos, esos que saquearon el estado, esos que se enriquecieron ilícitamente y que hicieron de la corrupción su forma de vida. Gente como Gabriel Deantes, Édgar Spinoso, Érick Lagos, Jorge Carvallo, Carlos Aguirre, Álvaro Capetillo, Leticia Perlasca, Gina Domínguez, espero que esos guadalupanos estén obligados a hacer el recorrido desde Xalapa hasta el Tepeyac, de rodillas y con una docena de nopales en la espalda. Claro que ni con ese sacrificio compensarían todo lo que le robaron a Veracruz.

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