Camaleón
Por Alfredo Bielma Villanueva
18 de diciembre de 2015

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Cuando se escucha el “tronante” discurso de Rogelio Franco, dirigente estatal del PRD y de Sergio Rodríguez, consejero del mismo, contra el gobierno del estado, brota la idea que tras de ese semblante retórico subyace la intención de convencer que están a morir por integrarse en alianza con el PAN para, juntos, competirle al PRI en 2016 el gobierno de Veracruz; pero los antecedentes de ambos no son confiables, ya que nadie ignora las maquinaciones que en entretelones han tejido con el gobierno de Duarte de Ochoa.

En realidad la alianza PAN-PRD está en el aire, y no pudiera ser de otra manera si se considera el  perfil “negociador” de los afamados “Chuchos”, los mismos que promovieron una aleatoria alianza con el PAN en 2012 Sólo  para dar marcha atrás dejando embarcada a la dirigencia estatal en aquel entonces encabezada por Juan Vergel Pacheco. El viaje del gobernador Veracruzano a Michoacán, la entrevista de Valencia con Amalia García y otros cabildeos más producen la impresión de una alianza muy susceptible de ser frustrada, no cualquiera resiste los cañonazos que acostumbra disparar el patrimonialismo veracruzano, se supone que con recursos de origen fiscal, porque de la bolsa particular jamás, peso que allí cae no vuelve a ver el sol, excepto que en este caso vaya a los controladores del “sol azteca”. (¿Quién no recuerda que los dirigentes municipales del PRD en Tuxpan y Cerro Azul ofrecieron su respaldo al candidato del PRI, Alberto Silva Ramos, en marzo pasado?)

Todo ese esquema cabe en el escenario del propósito continuista en el gobierno de Veracruz, costó mucho instaurarlo en 2010, el presupuesto para prolongarlo habrá aumentado pero parece que hay “cochinito” engordado para lo que se ofrezca en 2016. Las cuentas que se formulan como base para el optimismo encuentran fundamento en la añeja experiencia de los operadores priistas en asuntos electorales, aunado al 30% del voto duro del PRI y a la estrategia para dispersar el voto que incluye lanzar candidaturas “independientes”, auspiciar candidaturas en partidos de “oposición”  cuyo único propósito es la atomización del sufragio; sin olvidar el recurso de introducir Caballos de Troya en las filas del adversario para trastornarle su genoma partidista creando confusión a su interior y distraer esfuerzos.

Adicionalmente, de no menor importancia, el optimismo que nutre al panorama del grupo priista en el gobierno incluye a los treinta candidatos a diputados por la vía de la mayoría relativa con la misión de convertirse en operadores para atraer el voto, más los 20 por el principio de representación proporcional, que bien avituallados se combinarán con los operadores tradicionales, muchos de los cuales se han manifestado abiertamente a favor de uno u otro de los senadores dejando en la imaginaria que si no es alguno de ellos se abstendrán de participar. ¿Sí? ¿Cuántos resistirían la presión?

Los 16 diputados federales que triunfaron por el principio de mayoría en la elección de julio pasado sin duda conservan una estructura ad hoc para atraer el voto; no que sean realmente “populares”, una calidad que para efectos prácticos no define una votación en México, sino que por los procedimientos conocidos se pudo obtener buena cantidad de votos en Acayucan, por ejemplo, igual en Tuxpan, en Los Tuxtlas y otros distritos. En esa lógica y destruyendo los intentos de la alianza PAN-PRD parecería que se va en caballo de hacienda hacia la victoria del continuismo.

Pero esa intentona continuista encuentra serios obstáculos en la terca realidad veracruzana. Aquí hemos insistido en que la percepción pública señala que si en el PRI se elige un candidato que no sea alguno de los senadores, José Yunes Zorrilla o Héctor Yunes Landa, el resultado sería de pronósticos adversos al tricolor. Ambos senadores representan capital político enriquecido por un largo periodo de estrecho contacto con la población veracruzana ya que como candidatos al senado recorrieron la geografía veracruzana en intenso itinerario y ya como senadores, desde que asumieron esa representación, su vínculo con la base popular ha sido permanente. Nunca antes en la historia de Veracruz un senador había mantenido relación tan cercana con los pobladores de su entidad como José Yunes Zorrilla y Héctor Yunes Landa, esa circunstancia les ha propiciado construir un extraordinario andamiaje al interior de la estructura priista.

¿Cómo reaccionaría la base priista si en las boletas electorales no aparece ninguno de estos nombres? ¿Se abstendrá de participar o en revancha buscará opciones de castigo? Es perceptible que aún si alguno de los senadores resultare el candidato del PRI, con la suma del otro, la competencia no le resultará fácil pues en el inventario del costo-beneficio las cuentas que entrega a la población veracruzana la gestión priista de Duarte de Ochoa no suscitan el buen aprecio ciudadano.

En ese contexto, en la hipótesis de un candidato surgido del grupo que representa el continuismo en Veracruz ¿cuál sería su discurso de campaña del y qué ofrecería a cambio de obtener el voto, que no fuera el más de lo mismo? Porque se da por sentado que el candidato de la genuina oposición manejará el discurso de la anticorrupción, el del castigo a quienes se han enriquecido a costa del esfuerzo de los veracruzanos, el que exigirá constancias que prueben el destino de miles de millones de pesos en una infraestructura física que no aparece por ningún lado, el porqué de un campo improductivo, de un sector salud con deficiente servicio, etc.; ese es el discurso que cada veracruzano con conciencia de lo que ocurre quisiera escuchar; aunque su capacidad de convocatoria estaría a prueba en el reto que significa llevar  a votar al hartazgo y al enojo social.

En el trance de definirse la alianza PAN-PRD, en el partido albiazul se avizoran dos precandidatos: Miguel Ángel Yunes Linares y Juan Bueno Torio, ¿quién no resulte candidato se sumará a la campaña? La interrogante no es ociosa porque el PAN también registra experiencias en las que el divisionismo trae recuerdos nada gratos.  En el PRI, con todo y su voto duro del 30%, las probabilidades de salir airoso en la elección radican en su candidato: si es José Yunes o Héctor Yunes sin duda la probabilidad de un triunfo se incrementaría; pero con un candidato que en términos de trabajo político sería un advenedizo el riesgo de una alternancia es elevado. En fin, acerca de quién será el candidato del PRI y quién el del PAN poco vivirá quien no tenga oportunidad de enterarse; ya falta menos para comprobar lo probable, pues en política lo probable es posible.

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