Entre Columnas
Por Martín Quitano Martínez
02 de diciembre de 2015

 

 

La verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad.

Epicteto de Frigia (55-135) Filósofo grecolatino

 

 

Las comparecencias de los secretarios de los gobiernos veracruzanos a lo largo de su historia nunca han resultado más que esos momentos de autocomplaciente recreo político donde muestran sus controles y pactos políticos, donde dicen poco o nada de lo que realmente importa en medio de un escenario donde su mayoría aliada impone el ritmo y el formato, con el cual han impedido la modernización de la discusión urgente y necesaria de sus tareas y de los problemas y posibles soluciones para nuestra entidad; no se informa nada más que un discurso vacuo y maquillado donde la complicidad es el nexo que permite su existencia ante pésimos resultados administrativos que son festejados con aplausos.

Anodinas, llenas de protocolos insulsos y cubiertas por incondicionales que ocultan o buscan ocultar las manifestaciones contrarias, las comparecencias, como los informes de gobierno, pasarían sin pena ni gloria si no fuera por los sucesos puntuales que lateramente se observan en muchas de ellas. La nota es si fueron o no los diputados o si llevaron a acarreados, si alguien se durmió o si hubo manifestaciones o muchos policías, puntuales muestras de la pobreza de la política y de las administraciones que no cambian.

Este año el derrotero de las apariciones de los funcionarios no ha sido la excepción sino fuera por la profundización del abandono y la incompetencia mostradas, y la en ocasiones evidente incapacidad de los que presentan los datos de ejercicios administrativos que no tienen credibilidad ni defensa. En todos los frentes los datos fríos de las debilidades estatales no pueden ser ocultados y pese a ello sólo unos cuantos de los evaluadores del aparato legislativo se atreven a ser claros en los señalamientos de los pendientes y desaseos que pueden encontrarse a simple vista.

La complacencia y obsequiosos comentarios de los diputados ante las pobres y mentirosas participaciones de la mayoría de los comparecientes, reflejan las consideraciones de la camarilla hacia omisiones y complicidades oprobiosas de quienes entienden las lealtades partidarias muy por encima de las responsabilidades del servicio público y la que emana del poder que les otorgaron sus electores, son además la muestra de la inopia de los temas a discutir, de esa ignorancia tan genuinamente consustancial de una clase política que se regodea en sus nichos de corrupción e impunidad.

La pasarela secretarial magnifica nuestro desastre ya que es la muestra evidente de las contradicciones entre el dicho y el hecho. Dos botones de muestra: Uno es la supuesta garantía de seguridad (¿para quien?) que se demuestra tomando prácticamente por asalto el recinto legislativo y un área circundante de la ciudad, frente al continuo lamento social por la inseguridad y violencia evidente. El otro es la incomodidad del pujante y sonriente secretario de los espectaculares para refritear obras del pasado y carreteras desastrosas en lugar de lucirse con el desarrollo de las supuestas obras magnas gestionadas, pasa de pendientes mayúsculos en el ramo a opacidades, rumores de corrupción y fraudes, percibiéndose un desdén por el notorio desconocimiento del sector que se tiene que cubrir.

Las presentaciones al final obligan el replanteamiento de estas viejas formas del debate de la política y de las actuaciones ejecutivas en nuestro país y estado; está claro que no puede continuarse de la misma forma donde para ellos la simulación es el verdadero método de informar a la sociedad.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

La discusión y un ejercicio pleno y amplio de los gobiernos de todos los órdenes ante el cambio climático son más urgentes que nunca.

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