Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena

Joaquín Sabina

En los años 80 Roger Picar escribió una obra intitulada “El Romancisimo Social” en la cual a lo largo de sus diversas páginas expresa puntualmente algunos de los sucesos históricos más representativos en torno a cómo los diversos países construyen sus proyectos de nación, tomando como base el coctel de sentimientos encontrados que arroja determinado tiempo, espacio y procesos sociales.

Tomando como hilo conductor el anterior preludio, es prudente afirmar que la indignación frente al no cumplimiento del pago en tiempo y forma a los pensionados de la entidad, nutrió el desencanto con el funcionamiento de las instituciones públicas y sectores representativos de la clase trabajadora.

Ésta vez la perspectiva es unísona, no existió espacio para polarizar el asunto, sirvió un poco más para la reflexión, en esta ocasión el repudio fue más allá, no existió catarsis que haga olvidar la prospectiva de qué haríamos si estuviéramos en esa situación.

La burbuja democrática se anuló, aquí es cuando el proceso participativo establecido actualmente no sirve, porque el sentido sinalagmático de las leyes se rompió. Mantener al margen del sustento a quienes con esfuerzos fundaron mucho o poco de nuestro porvenir, lastima y enseña que lo que no hagamos ahora puede traer consecuencias en el futuro.

Se hizo un binomio regresivo, usar la fuerza pública ante los que reclaman lo que es suyo, en diciembre, a personas mayores, parecía inconcebible. Ante ese escenario no hubo espacio para las exclamaciones justificadoras.

La Dantesca escena marca el agotamiento de los límites sociales, es imprescindible recontextualizar la forma de toma de decisiones en temas trascendentales.

Quizás en este momento los partidos contrarios al partido en el gobierno estén redactando frases para hacer leña del árbol caído, pero dejemos de lado eso.

La idea central es cómo podremos pasar de una indignación momentánea, a una tendencia sólida, de esta nostalgia con nitidez de gerontocracia, a una tendencia de cohesión con vista en el futuro.

Hoy los jubilados y pensionados nos volvieron a enseñar que la vida cobra y a veces cerca de navidad.

Hay que observar además, que cuanto mejor sepa la sociedad arrancarle a la realidad lo importante de los sucesos, mejor se avanzará hacia convenciones sociales abiertas, que permitan la superación de las formas caducas de relación, esas que trasmiten desigualdad de clase o género.

Existen muchas interrogantes, donde el hambre y las insuficiencias financieras siguen abonando a la llegada de redentores que pueden trasladarnos de la inmovilidad al atraso, para no caer en esa decadencia es prudente concatenar perspectivas comunes de desarrollo para nuestras familias e hijos.

Recordando:

  • Ante el suceso, pienso tanto en el futuro de mis maestros, de mis amigos, de mi padre y egoístamente hasta en el mío.
  • Una pareja de ex catedráticos de la mano siguen dando cátedra ahora en el ágora de la ciudad.

Contáctame en: