Mutatis mutandis

Por Rafael Arias Hernández

17 de diciembre de 2015

 

Juego perverso y al final, en muchos casos propio de ineficientes y hasta de criminales. Asaltar, despojar, quitar lo que es de los más débiles, frágiles o en desventaja.

Presionar, debilitar y no proporcionar los recursos presupuestados a las dependencias e instituciones, así como disponer y desaparecer los fondos acumulados de los trabajadores, como es el caso al que ha sido sometido el Instituto de Pensiones del Estado de Veracruz, que no puede pagar ni cumplir sus obligaciones, y menos  si no se le entregan los recursos suficientes y a tiempo..

QUITAR PENSIÓN, ES MATAR DE INANICIÓN.

El colmo, cuando a la víctima se trata de convertirla en culpable; al pensionado se pretende comprometerlo y señalarlo por los daños ocasionados por otros que, verdaderos autores y responsables de lo causado, desde los gobiernos.

Estado fallido o fallando. Debilitamiento y quiebras inducidas, para debilitar y desaparecer instituciones y empresas públicas. Privatizar lo que es de todos, es el mejor negocio de conocidos irresponsables y comprobados culpables, beneficiarios y protegidos por complicidad gubernamental y desinterés social.

Nada de fantasmagóricos pretextos, falsos argumentos, verdades a medias en introducciones y considerandos; y en comunicados plagados de inconsistentes explicaciones tecnocráticas.

La cuestión es simple y sencilla: los pensionados en Veracruz no tienen la representación y el poder para autorizar, permitir e imponer las órdenes que ocasionan pérdidas y daños, que debilitan, vulneran y quiebran al sistema y su institución. Pero eso sí, a cambio, tienen que aguantar y padecer errores, limitaciones, sacrificios, molestias y, desde luego, pagar más consecuencias.

¿Quién no cumple con la ley al contratar? ¿Quién dispuso de reservas acumuladas por los pensionados? ¿Quién impone injustas y desmesuradas jubilaciones? ¿Quién no cumple con el presupuesto?

La respuesta, es muy simple: no lo hacen los presentes y futuros pensionados.

LA PROTESTA Y MÁS, COMO RESPUESTA…

La experiencia histórica se repite y amplia.

Hoy como ayer, las generaciones enfrentan una oferta laboral limitada, insuficiente y cuestionada; inocultablemente, cada vez peor pagada y sin prestaciones.

Jóvenes y mayores disponen de pocos o nulos nuevos empleos formales. Los disponibles en su mayoría son de mínimos o diminutos salarios, y de seguridad social escamoteada, disminuida y amenazada.

La población toda, cuenta con buena parte de servicios públicos de salud, seguridad, recreación y educación de cuestionada calidad, limitados, condicionados y manipulados por intereses personales y de grupo, políticas equivocadas y disposiciones contrarias al bienestar colectivo.

Y por si fuera poco es notoria la inestabilidad e inseguridad pública, de malos y peores gobiernos; de viejos y nuevos problemas de procuración y administración de justicia y bienestar social. Si no es Estado fallido, lo es fallando, si están en buena parte, tanto dependencias como instituciones, notoriamente bajo la responsabilidad, de mediocridad e ineficiencia, y hasta de corrupción y delincuencia.

No se pagan ni reconocen deudas adquiridas y ocasionadas por la cuestionada administración gubernamental. Ni se cubren sueldos, pensiones y subsidios a tiempo. A todos se debe y el dinero desaparece, no alcanza. Se abusa de los más vulnerables, se adeudan pensiones para combatir el hambre; y se dispone, usa y abusa, de fondos, ahorros y esfuerzos de toda una vida de trabajo y esfuerzo, como es el caso de los pensionados.

Estado debilitado o anulado, para ser privatizado.

La inconformidad crece. El rumor pasa a ser clamor y no se detiene. Las voces repiten el exhorto. Mujeres y hombres de edad avanzada, hoy o próximamente pensionados, obligados a protestar, no se cansan de señalar y repetir, palabras más, palabras menos.

BORRADOR DE MANIFIESTO.

Escuchen ineficientes, viejos y jóvenes malhechores en los gobiernos.

Si pretenden seguir actuando con tanta insensatez e irresponsabilidad, con notoria mediocridad o perversidad.

Si piensan que ineficiencia y delincuencia, corrupción e impunidad no tienen fin ni escarmiento, castigo o sanción.

Si creen que a viejos y ancianos, pueden despojarlos y disponer de parte o todo su patrimonio, acumulado en toda una vida de trabajo, sacrificios y esfuerzos; y que hasta pueden hacer de su ya corta existencia un infierno, una pesadilla.

Si confían en que no habrá respuesta, ni lección que aprender, de quienes les antecedieron y, en muchas formas, ustedes se deben a ellos.

Si eso y más piensan, se equivocan. Se nota que no aprendieron, ni aprenden y necesitan una última lección, que tiene que ser simple y sencilla, clara y directa.

Ante las reiteradas injusticias, los persistentes abusos e intencionados errores y repetidas agresiones, que ya se han vuelto costumbre; téngalo presente y recuérdenlo, porque en su momento no esperen menos para ustedes y los que afortunadamente lleguen a avanzada edad. Lo que hoy siembran y permiten, tarde o temprano los alcanzara. De lo profundo de la Historia la experiencia se repite y repetirá: si tienen suerte llegarán a viejos.

Claro que esto no importa o interesa, no tiene valor ni atractivo para ineptos y corruptos de siempre. No es primordial a ineficientes y delincuentes.

Intrascendente para quienes desde los gobiernos se benefician y hacen su fortuna personal, familiar o de grupo a partir del empobrecimiento, desgracia y sacrificio de muchos. Los mismos que confían y practican complacencia y complicidad, para alentar y fortalecer impunidad.

Se puede perder, todo o parte de lo reclamado ante tribunales. Incluso se pueden desechar amparos, demandas de inconstitucionalidad y otros recursos, en defensa de derechos humanos. Es posible.

La ruta legal y pacífica no termina ahí. No olvidarlo y recordarlo, que lo tengan presente presuntos responsables y prófugos potenciales en el gobierno:

Frente a leyes injustas y gobernantes sin legitimación, ante arbitrariedades y abusos, sufrimiento y sacrificios sociales, siempre queda abierto y disponible el universo de acciones de resistencia y desobediencia civil.

Por lo pronto no olviden. Aún al final de la existencia, la lucha apenas empieza y viene de todas partes. Es la última lección, imposible de olvidar, la del sentido de la vida.

Bien dice, Francisco Quevedo: “Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado”.

Nota.- FELICIDADES…nos vemos en 2016.

Contacto:

+Acadé[email protected] Facebook:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez