Es difícil desentrañar el misterioso designio que impulsa a quienes aspiran gobernar Veracruz en los próximos dos años a sabiendas del terrible legado que le será entregado a quien resulte electo en junio próximo. ¿Auténtica vocación de servicio al grado de sacrificarse durante dos años intentando resolver los problemas heredados? ¿Fruición de poder sólo por vanidad? ¿Compromiso de grupo para encubrir anomalías? Hay más preguntas que respuestas pero todo se sintetiza en el deseo ciudadano porque se normalice Veracruz, que se ponga de pie lo que está de cabeza y que, por fin, gobierno y ciudadanía caminen juntos para conseguir el bien común.