Sólo en un régimen fascista se pueden ver escenas como las que hoy registran los medios de comunicación: personas de la tercera edad reclamando el pago de sus prestaciones laborales y las fotos del gobernador departiendo amigablemente con la jerarquía católica, tal y como lo hacia Pinochet en Chile en los tiempos del golpe militar.

Pero el agravante de esas escenas lo configura la orden de reprimir a los manifestantes a través de las corporaciones policiacas del estado, tal y como si se tratara de delincuentes comunes y no de trabajadores que están en su derecho de exigir que se les cumpla en el pago de sus prestaciones.

Por ello el gobernador Javier Duarte de Ochoa es doblemente responsable de esta indignante situación: primero por ser quien ha decidido el errático uso del recursos públicos que debieron ocuparse entre otras cosas, al pago de prestaciones laborales y que ante su incumplimiento se motiva la protesta y en segundo lugar es responsable por ordenar la represión policiaca a los manifestantes, sólo el puede girar instrucciones a los cuerpos de seguridad para que lleven a cabo semejante atrocidad.