Sumamente difícil debió ser la comparecencia del secretario general de gobierno Flavino Ríos Alvarado y no por el nivel de los cuestionamientos de los legisladores que acudieron al cierre de la glosa del quinto informe de gobierno de Javier Duarte de Ochoa, sino más bien por lo complicado que resulta abonarle logros y beneficios a una administración que ha transitado entre la protesta social cotidiana.

Desde luego que es sumamente difícil defender la gobernabilidad estatal ya que esta, sólo es el reflejo de un conjunto de medidas que se generan en la aplicación de políticas públicas, y que por momentos da la impresión de que esta pegada con alfileres y que la protesta social terminara por desbordarse. Ningún secreto se esconde en que el crecimiento de la protesta pública se deba a la falta de inversión en proyectos de desarrollo y en el incumplimiento a los pagos de proveedores y de prestaciones laborales.

Se equivoca el responsable de la gobernabilidad cuando considera que la inseguridad es un mero asunto de la percepción ciudadana o un fenómeno psicológico. Por el contrario es un problema real que amenaza por igual a todos los veracruzanos. Es tan errónea su apreciación que seguramente no se ha percatado que el gobierno de Duarte de Ochoa camina sin respaldos sociales, acaso es de pleno servicio sólo para una minoría muy íntima.