Enrique Peña Nieto llega a la mitad de su periodo de gobierno con evaluaciones poco favorables, esto a pesar de que desde el inicio de su mandato contó con el respaldo del llamado “Pacto por México”, espacio político que le permitió diseñar a su gusto y conveniencia, el andamiaje de un amplio paquete de reformas apoyadas por los legisladores del PAN y el PRD.

Después de tres años de gestión del gobierno federal, la sociedad continúa en espera de los resultados de esas reformas, que en su origen se ofrecieron como la base del crecimiento y el desarrollo para el país: la principal apuesta gubernamental en la apertura al capital privado nacional y extranjero en el sector energético no ha logrado detonar las inversiones ni bajar el costo de los combustibles.

La reforma educativa ha dado muestras fehacientes de que no representa el consenso social y en su imposición no se avisora un relanzamiento en la calidad de la educación. Talón de Aquiles del gobierno de Peña Nieto son los escándalos de corrupción que involucran a su familia y al primer círculo de colaboradores, pero el mayor pendiente es el esclarecimiento de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa