Para el gobierno de Enrique Peña Nieto el primer año fue como de luna de miel, todo le sonreía, fue calificado por muchos gobiernos como quien rescataba a México, el reformador. Luego vinieron en cascada la noticia de la Casa Blanca, los 43 desaparecidos de Ayotzinapa y la fuga de El Chapo. Se equipara, aunque por diferentes razones, con el síndrome que aqueja al gobierno de Veracruz que ha navegado en aguas procelosas desde sus inicios, un mes sí y al otro también ha transitado por senderos llenos de ortiga, y esto no termina hasta que se acaba, cuando bien va.