CLAROSCUROS
Por José Luis Ortega Vidal
29 de diciembre de 2015

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Algo que los mexicanos no terminamos de entender respecto a nuestra vida política es que más allá de la estructura de partidos, grupos y factores de poder, así como figuras o liderazgos que –por definición- son temporales, se encuentra la construcción de la historia: de nuestra propia historia.
No se requiere ser erudito, intelectual, lector compulsivo, doctorado en alguna de las ramas de la ciencia para entender esto.
Es un asunto de sentido común.

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En Veracruz, durante el 2016, estará en juego la disputa por el poder en el 2018, por citar un ejemplo.

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Es decir, al representar la entidad veracruzana la tercera reserva electoral del país sólo después del Estado de México –en manos del PRI -recordemos que de ahí surgió el actual Presidente- y el Distrito Federal –en manos de la izquierda desde hace más de dos décadas- Veracruz es pieza clave para la sucesión de Enrique Peña Nieto en el 2018.
Jalisco, la cuarta reserva electoral -a unos cuantos votantes de Veracruz- es un estado con fuerte presencia panista; lo mismo que Puebla, otra entidad importante en ese rubro y Nuevo León, priísta, panista y hoy en manos de un “bronco” presuntamente independiente.
En fin, si vemos las cosas bajo esta lógica –correcta, válida, pero limitada- concluimos que el gobierno federal meterá las manos al proceso electoral de Veracruz el año entrante simplemente porque de perder esta plaza el PRI estaría en riesgo de quedarse fuera de Los Pinos una vez más, como ya ocurrió en el año 2000.

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Va otro ejemplo: históricamente el PRI se mantuvo en el poder durante 70 años porque la suya fue una estructura de control social heredada de la Revolución de 1910 y que se tradujo en respaldos de factores de poder como el ejército y la iglesia. 
Antes de que un civil llegara a la Presidencia -Miguel Alemán Valdés- la pacificación del país y la creación del orden institucional incluyendo el nacimiento del PRI, estuvieron en manos de militares.

Entre ellos se contó al emblemático General Lázaro Cárdenas del Río quien nacionalizó el petróleo, los ferrocarriles, impulsó la Reforma Agraria y cuya estrategia esencial en el control político del país consistió en el corporativismo.
De esta política corporativa, es decir de conceder privilegios a determinadas organizaciones o sectores en tanto que trabajen para el grupo en el poder, el Veracruz actual tiene el caso más claro en la Sección 32 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), manejado desde hace más de 30 años por Juan Nicolás Callejas Arroyo.

Callejas tiene cerca de 100 mil maestros bajo su mando y la mayoría de ellos son operadores políticos del PRI, del llamado “sistema”.

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El PRI veracruzano luce dividido -hoy- a un grado jamás visto.

Paradójicamente: la sociedad de Veracruz luce tan dividida -hoy- como lo ha estado siempre.

A lo largo de 70 años en el poder el PRI ganó siempre. Y cuando perdió -caso Carlos Salinas ante Cuauhtémoc Cárdenas en 1988- simplemente arrebató.

Ante Carlos Salinas quedó demostrado que el PRI es un partido pero el priísmo es una cultura y es también  una estructura de poder oligárquico que nunca está dispuesta a soltar el poder.

Esta estructura oligárquica existe a nivel nacional pero se reproduce en las entidades federativas y luego en las regiones y aún en los municipios.

Cuenta para ello con el control de las fuerzas armadas, de los dueños del dinero y de los principales medios de comunicación de la nación, amén de los grupos eclesiásticos: católicos y protestantes.

En el año 2000, con Vicente Fox, el PRI entregó por primera vez el poder a nivel nacional en un contexto de presión internacional y bajo pactos que se fueron evidenciando con el tiempo; es decir, Fox no tocó los intereses cupulares del país y más aún trepó a su familia al beneficio que éstos otorgan.

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Igual que se encontraba México en 1988 y en el 2000, se encuentra Veracruz en el 2015: aquí el PRI nunca ha perdido una elección y existe el temor cupular -a nivel estatal pero sobre todo a nivel nacional- de que esto ocurra, al no haber acuerdos  ni confianza entre los principales grupos de poder del partido tricolor jarocho.
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El corporativismo en Veracruz sigue vivo y la prueba está en que no ha habido un gobernador ni hay un aspirante a la candidatura del PRI –observemos a Pepe y Héctor Yunes y a Alberto Silva- que toquen ni con el aroma de una declaración al “maestro Callejas”.

Las corruptelas del nativo de Misantla, la dirigencia de la Sección 32 por parte de su hijo, las alcaldías, diputaciones federales y locales, regidurías, sindicaturas del SNTE en Veracruz son tema sagrado.

En Veracruz, Juan NIcolás Callejas es más poderoso que todos los ex Secretarios de Educación juntos.
La suya es una estructura de añejo corporativismo: corrupto sí, pero útil y eficiente, donde rebota incluso la radical CNTE y donde las palabras del dirigente son el equivalente a profecías bíblicas…

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Por otra parte, ante la fuerza que representaría Miguel Angel Yunes Linares -suponiendo que no sea el caballo de Troya tricolor- en una eventual alianza del PAN y lo que queda del PRD, el priismo ha montado el tinglado de las candidaturas independientes y ha creado partidos que recogerán la morralla para garantizar la mayor parte de votos a favor del tricolor.
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En concreto: el PRI sólo tiene dos enemigos mortales de cara a la elección del 2015 que -ya dijimos- es un paso para los comicios del 2018: a) el principal enemigo del PRI es el mismo PRI y b) el electorado que con los años se ha salido de su control corporativo.
El PRI derrotaría al PRI si no hay acuerdos de fondo -en dos semanas- y si la fidelidad/duartismo terminan distanciados tal como lo están hasta el cierre del 2015 con los Yunes rojos. 
Sea quien sea el candidato tricolor -pero particularmente si es del lado de la fidelidad/duartismo- el PRI tendrá frente al espejo a su primer gran enemigo y el beneficiario sería el candidato del PAN, un MIguel Angel Yunes que -por cierto- viene del PRI.
Por otra parte, si hay una votación copiosa en Veracruz el primer domingo de junio del 2015, es decir si más del 70 % del electorado sale a las urnas, el PRI estaría perdiendo la gubernatura. *
El voto duro, el voto corporativo del PRI les garantiza el triunfo sólo si sale a votar menos del 50 % del electorado. 
En tal caso, funcionan sus estrategias y sus estructuras. Los priistas ganan auxiliados por el abstencionismo, fenómeno producto de un control educativo donde el papel del SNTE ha sido clave por décadas.
¿Quieres controlar a un pueblo? Manténlo en la ignorancia. Los maestros, en el caso mexicano, te ayudan al respecto siempre que les otorgues privilegios de clase.
¿Quieres llevar a a un pueblo al desarrollo vía la libertad de pensamiento? Edúcalo. Los maestros te ayudarían también en este caso sólo que debes romper con el sistema corporativo como el heredado por la postrevolución mexicana.
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He ahí lo que debemos entender: el verdadero poder está en el electorado pensante, sólo que cuesta muchas décadas – incluso siglos- construirlo.
Al electorado no pensante, corporativo, se le maneja -por lo contrario- con mucha facilidad.
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Los periodistas estamos obligados a ejercer este tipo de trabajo.
En términos éticos, tenemos el mismo compromiso que los maestros, aunque no estemos conscientes al respecto y carezcamos de la identidad de clase necesaria para asumir el compromiso empezando con la educación de nosotros mismos.
Hacer trabajo periodístico de investigación más allá de caer en el juego de la declaración cotidiana y el interés mezquino de candidatos, aspirantes, grupos, partidos, etcétera, es hacer historia.
He ahí el dilema dialéctico al que nos enfrentamos día con día.
* El caso Fidel Herrera Beltrán Vs Gerardo Buganza Salmerón en el 2008 es tema aparte.