¡ADELANTE!
Por Pepe Valencia
03 de febrero de 2016

No existe negociación oculta  ni pacto secreto del presidente Enrique Peña Nieto para ceder la gubernatura a partidos de oposición al PRI. El único acuerdo válido es que quien gane en las urnas, será gobernador de Veracruz.

Y todo apunta a que la impredecible victoria danza entre los dos primos hermanos y acaso en remota posibilidad se ubique el candidato de Morena y más lejos todavía, alguno de los independientes. No hay más.

El lunes 23  de noviembre del año pasado anticipé en esta columna que por la coalición PAN-PRD el candidato sería Miguel Ángel Yunes Linares. El  miércoles 25 del mismo mes dije que por el PRI y aliados, iría Héctor Yunes Landa. No se equivocaron mis fuentes.

Con base en sondeos informales y mediciones demoscópicas de empresas encuestadoras profesionales y serias, estaré en condiciones de comentarles, más o menos a mediados de mayo, quién se alzará como triunfador el domingo 5 de junio. Volveré a acertar.

Hoy el panorama parece claro para ciertos observadores, que dan por vencedor a uno u otro de los Yunes, en tanto analistas más cautos divisan nebulosa la situación y no se atreven a vaticinar el triunfo de ningún contendiente.

Lo cierto es que, como la premisa de los “inmortales” de la serie de televisión de los años 90, Higlander, sólo puede haber un gobernador. Amigos lectores, vengan sus apuestas.

Terminaron los tiempos en que el PRI ganaba de todas, todas y si perdía, arrebataba. Los ciudadanos buscaban al candidato para quedar bien con él y ponerse a sus órdenes.

Hoy sucede exactamente lo contrario: el candidato necesita el voto de la mayoría. Si no convence a los potenciales electores, está condenado a la derrota. Los priistas confían en su gallo. Panistas y perredistas en el suyo.

Unos y otros, exponen sus argumentos y razones para presumir resultados favorables hacia su candidato. Sin embargo, hay quienes van más allá y no juegan ni con melón ni con sandía: abrigan la esperanza de que gane el de Morena, gracias a la irritación y el hartazgo de la sociedad ante pésimos  gobiernos del PRI y del PAN y al efecto López Obrador.

Por supuesto, aunque en menor medida, otros tímidamente afirman que un candidato independiente podría capitalizar el rechazo a partidos políticos, como en Nuevo León, y erigirse en gobernador.

 

Sigo sosteniendo que un Yunes será gobernador y en mayo diré quién, si es Héctor o Miguel.