CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma Villaneva
02 de abril de 2016

 

Inicia ya el periodo de campañas políticas por quienes aspiran gobernar Veracruz durante el periodo 2016-2018, el corto lapso se antoja como un genuino pasadizo sembrado de ortigas con más interrogantes que respuestas: ¿fruición de poder? ¿Vocación y voluntad de servir? ¿Protagonismo pueril? ¿Sed de venganza? Apenas algunas preguntas para desentrañar la incógnita de la participación de siete ciudadanos veracruzanos que durante sesenta días podrán recorrer el territorio de la entidad en campaña de proselitismo.

Los actuales son tiempos nuevos, muy diferentes a los de un antaño reciente, el método de las campañas es diferente y en ellas más tiene que ver la estrategia que la oratoria, ya la parafernalia de las grandes concentraciones ha demostrado su escasa efectividad para atraer el voto, ahora las preside el cálculo, la estadística, la geopolítica del voto. ¿Con cuántos votos se ganó, o perdió, en tal o cual distrito, cuál fue la diferencia en la elección reciente, en dónde se perdió? Son las cuestiones que requieren meticuloso análisis porque en la respuesta está la probabilidad del triunfo.

Es obvio que la estrategia no rige para todos los partidos ni para todos los candidatos, pues de entre los siete por lo menos tres no compiten para alcanzar la gubernatura, no al menos directamente, pero forman parte de una táctica para disminuir al contrario con mayor capacidad competitiva. Nada permite discurrir que el Partido del Trabajo compite para ganar una elección, cuando estuvo en un tris de desaparecer de la nómina electoral y por razones que se especulan lo revivieron como un instrumento ad hoc; o que su candidato pudiera obtener convocatoria, pues sólo es conocido en Xalapa y en algunos cuadros de su ex partido, el PAN. Qué decir del Partido Encuentro Social, recién incorporado al diagrama electoral, sin estructura propia, nacido para ser utilizado como elemento distractor, o para dispersar el voto opositor. Su candidata al gobierno, ¿hay coincidencias en política?, también ex panista, desconocida en el territorio estatal distante a su zona de influencia- Altotonga, Martínez de la Torre, etc., tiene, por su pastoreo religioso, cierta convocatoria entre determinados grupos afines a su discurso.

Movimiento Ciudadano está posicionado en la entidad veracruzana, no al grado de ganar la elección para el gobierno veracruzano ni a los niveles alcanzados en Jalisco, Nayarit o Oaxaca, por ejemplo; por alguna razón su líder moral, Dante Delgado lo ha descuidado en Veracruz y no ha crecido, sí en cambio ha perdido fuerza electoral, como se ha demostrado en las elecciones para gobernador pues en 2004 logró 800 mil votos y la cantidad se redujo drásticamente a la mitad en 2010. Tiene sin embargo un buen candidato en la persona de Armando Méndez de la Luz, sin duda un actor político preparado para la gobernanza, sin cola que le pisen, formado para la cosa pública y con auténtica vocación de servicio, características que aportarán los votos como fundamento para un mejor diagnóstico con miras al 2018.

Si alguna característica hay para destacar en este proceso electoral es la participación por vez primera de un candidato sin partido, llamado Independiente; lo personaliza Juan Bueno Torio, ex diputado federal, ex senador, ex directivo de Pemex, todo con las siglas del PAN al que renunció para buscar una candidatura por la vía apartidista. Su reto más sobresaliente es obtener un mayor número de votos al de las firmas recolectadas para lograr su registro ante el OPLE. Su participación es interesante, no sólo por la experiencia apartidista sino porque cualquiera que sea el resultado electoral del 5 de junio quedará para la especulación si los votos que consiga pudieron haberse agregado o segregado de los que vaya a conseguir el candidato de su ex partido.

Cuitláhuac García hace las veces de un tercero en discordia que pudiera dar la sorpresa, lo catapulta MORENA, o mejor, Andrés Manuel López Obrador cuyo posicionamiento en la base popular crece y crece. Sus posibilidades son reales, por lo mismo ya se empieza a manejar que no tiene experiencia en los menesteres de la política, argumento que pesa no tanto por ser cierto sino porque la experiencia que vivimos a partir de 2010 es traumática y nada deseable sería repetirla. Salvo es decir que, si bien no le antecede cargo público alguno, excepto el ganado ocasionalmente el año pasado, la ausencia de experiencia se suple con una selección prudente y sabia de colaboradores, con vocación de servicio y con sensibilidad social.

El drama veracruzano: inseguridad pública, estancamiento y rezago social, desaparecidos y homicidios por doquier, obra pública con atraso transexenal, enojo social, gobierno en quiebra, encaja en el estilo de Shakespeare, aplicado por extension a una contienda electoral en que la lucha por el poder enfrenta a dos primos hermanos quienes previamente se habían jurado respeto eterno; ambos son actores de reconocida prosapia política, poco pudiera agregarse respecto de quiénes son porque como hombres públicos en Veracruz se les conoce muy bien. Igualmente de sus posibilidades de triunfo, porque entre Héctor Yunes Landa, del PRI, y Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN, está la suerte de esta elección, quien maneje mejor las estrategias para mover a la sociedad y conseguir el voto se llevará la victoria; los 60 días por venir serán utilizados para organizar e implementar los metodos, aquello de los mítines masivos es un formato en desuso, quiza sólo para iniciar o cerrar, todo sea por Veracruz. 

El momento histórico que vivimos recuerda el aforismo de Thomas Hobbes: “En la guerra, la fuerza y el fraude son las dos virtudes cardinales”, o bien, como dijera Maquiavelo, otro de los clasicos de la ciencia politica: “aunque por su propia naturaleza el fraude es siempre detestable, su uso puede ser necesario a veces, e incluso como en la guerra, por ejemplo, glorioso, de hecho el que vence a sus enemigos por medio del fraude no merece menos alabanza que el que los vence por medio de la fuerza”.

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