Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz
13 de abril de 2016

Si en algún momento nos quedaba alguna duda del papel que Alba Leonila Méndez habría de desempeñar en esta elección, en la reunión que tuvo con los miembros de la Apever, Asociación de Periodistas de Veracruz, nos lo dejó muy claro.

En su intervención con esta agrupación de comunicadores reunidos la mañana del martes en el restaurante La Gavia, la neopetista hizo un recuento de lo que ha sido se trayectoria política, los esfuerzos que ha hecho por llegar al lugar en el que se encuentra. Habló de su amistad con Felipe Calderón, el chaparro que se atrevía a llamarla chaparra. Le guarda una gran devoción al expresidente Calderón, y es que de no ser por Calderón, nos dijo Alba Leonila, su hijo hubiera sido secuestrado. En su recuento de los hechos la expanista señaló que un día estuvo con Calderón en la cama donde murió Carlos Castillo Peraza, ideólogo panista al que ella le tiene mucha devoción. Alba Leonila relata de manera fantástica que Calderón no pudo contener las lágrimas y lloró al acordarse del político fallecido.

Difícil de creer este último pasaje, pues fue público el despreció que Calderón mostró en vida a Carlos Castillo Peraza. En una serie de cartas dirigidas a los medios y publicadas en la revista Proceso, Castillo Peraza, afectado por los desplantes de Calderón lo llamó: “Inescrupuloso, mezquino, desleal a principios y a personas”. En esas mismas cartas el político yucateco dijo de Calderón: “me pareció desconsiderado de tu parte no haber acudido a la cita de anoche, sin siquiera haber avisado, y que me dolió y preocupó haberme enterado por boca de subalternos menores que el presidente del partido salió de la oficina ‘muy bien servido’”.

De modo que a menos que Felipe Calderón haya llorado de remordimiento, o haya ido completamente borracho (cosa muy posible), el cuento fantástico de Alba Leonila no tiene sustento.

Pero lo que mejor dejó en claro es el propósito que tiene en la vida la candidata del Partido del Trabajo a la gubernatura de Veracruz, y es que se la pasó denostando a Miguel Ángel Yunes Linares, a quien acusa de todas sus desgracias. Miguel Ángel Yunes el hombre que la marginó del partido, el hombre que puso en peligro a su familia; Miguel Ángel Yunes Linares el incongruente, el criminal. En esta parte del cuento, Alba Leonila se puso como la caperucita roja y a Yunes Linares lo puso como el lobo del cuento.

Por supuesto la candidata del PT a la gubernatura de Veracruz no se iba a referir a las muchas acusaciones que tuvo en su paso por la delegación de SEDESOL. En 2008 ocho se le acusó de vender pies de casa de manera fraudulenta a personas de escasos recursos; en el negocio estuvieron sus hermanos, quienes también participaron en el negocio de los pisos firmes, donde Alba Leonila se hizo de millones de pesos para su cuenta.

En el encuentro un impertinente periodista la interpeló: “Ya estamos cansados de que nos digas que Miguel Ángel es el malo del cuento. Queremos que nos digas qué piensas de Javier Duarte, del desfalcó y la condición en que deja al estado de Veracruz”. Alba Leonila volteó a ver a Alberto Silva, quien se encontraba en una mesa de enfrente; se turbó y dijo que ella está en contra de la impunidad. No dijo más, estaba claro que su papel no es golpear a Duarte; a Javier no se le toca ni con el pétalo de un improperio.

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