Clorados
Por José Luis Ortega Vidal
21 de abril de 2016

La tragedia de Pajaritos: ¿Accidente, sabotaje o descuido fatal en el contexto de la privatización de PEMEX?

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En menos de tres días Coatzacoalcos se ha estremecido en dos ocasiones y ha sido noticia nacional en ambos casos.
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Primero, el lunes 18 de abril, el debate de los candidatos a la gubernatura organizado por Grupo Olmeca Multimedios, llenó páginas de medios impresos y digitales de todo el estado y buena parte de la capital de la República.
Particularmente, el vergonzoso –y con implicaciones legales– choque entre los primos Miguel Angel Yunes Linares y Héctor Yunes Landa, fue motivo de que la arena –repleta de espectadores– se excitara en pleno circo.
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Ayer, miércoles 20 de un abril fatídico que todos deseamos termine urgentemente, volvió el estremecimiento a la capital del sur, al otra Puerto México.
Al cierre de edición, José Antonio González Anaya, director general de Petróleos Mexicanos ofreció los siguientes datos: tras dos estallidos en la planta Clorados 3 del Complejo Petroquímico Pajaritos murieron 3 trabajadores y se lesionaron 136.
De los heridos, 48 fueron dados de alta ayer mismo, 88 seguían hospitalizados y 13 eran reportados en condiciones de gravedad.
Hospitales de Villa Allende, Coatzacoalcos y Minatitlán atendieron a los heridos.
Hacia Villahermosa, fueron trasladados trabajadores con quemaduras que ponen en peligro su vida.
El propio director de PEMEX admitió –hacia las 22:00 horas del miércoles trágico– que el número de víctimas fatales podría aumentar en las siguientes horas.
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Las dos explosiones ocurrieron en planta “El quemador” del Complejo Petroquímico Pajaritos, vecino de los complejos Cangrejera y Morelos, pero de mucho mayor peso que aquellos.
La primera fue: a las 15:20 horas.
La segunda: a las 16:26 horas.
Alberto Díaz López, trabajador de la empresa Gansa, reportó a la periodista Maythe Morales –de Notisur– que semana atrás se detectó una fuga de cloro en las instalaciones y se dio aviso a los mandos dependientes de Mexichem –socio de PEMEX– pero éstos respondían que todo se “arreglaría”.
Ayer, entraron soldadores y eléctricos al área donde ocurrieron las explosiones (la primera de ellas reconocida oficialmente; la segunda, mencionada por periodistas que entrevistaron a testigos) y sobrevino la tragedia.
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La primera explosión en Clorados 3 hizo volar fierros, desató el pánico, provocó que obreros corrieran. Tras la segunda, se hizo oficial la evacuación del semiprivatizado Complejo Pajaritos al tiempo que se cerraban carreteras federales y estatales aledañas.
Hay pocos fraccionamientos cercanos pero los vidrios de sus ventanas y puertas estallaron.
El ruido estremecedor se escuchó en Nanchital, Coatzacoalcos, Villa Allende, Ixhuatlán del Sureste, Moloacán e incluso Minatitlán.
Las familias de la gente que trabaja en instalaciones de PEMEX –muchos de ellos subcontratados por empresas particulares que portan uniforme naranja y han desplazado poco a poco a quienes aún portan el logotipo de Pemex en sus camisolas– de inmediato buscaron comunicarse y saber lo que pasaba.
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Hacia las 4:30 de la tarde el reportero pudo observar cómo había gente en el centro de Coatzacoalcos con tapabocas y se dirigían a escuelas primarias y de otros niveles a recoger a sus hijos e hijas para resguardarse en sus casas.
Toda la tarde y parte de la noche de pasó del caos, el coraje –provocados por la desinformación– a las versiones oficiales que finalmente dieron a conocer que este jueves estarán presentes en la zona el presidente Enrique Peña Nieto y el secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong.
El caos y coraje inicial fue por versiones –oficiales o extraoficiales– difundían la cifra de cero muertos y treinta heridos.
La magnitud de la explosión y la falta de comunicación con decenas de obreros provocó en sus familias la sensación de engaño, de abandono, de frustración, de ser víctimas de un intento por ocultar lo verdaderamente sucedido.
Faltó rapidez, eficacia del lado oficial para montar una operación informativa respecto de lo que estaba ocurriendo.
Fue tan malo el manejo oficial de la información sobre la explosión, que a Javier Duarte de Ochoa se le atribuyó un twiter donde aparece una explosión…en Libia.
¿Fue cierto o no?
Es tanta la mala fama del gobernador como twittero que en redes sociales se dio como cierto el presunto error.
En rueda de prensa que dio inicio a las 21:30 horas, el director general –José Antonio Anaya Huerta– reconocía 3 muertes, más 136 lesionados.
Cifras que, se admitió, podrían aumentar en el transcurso de las horas porque hay 13 heridos de gravedad que se debieron trasladar a Villahermosa.
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Una fuente de alto nivel de PEMEX confió al reportero la realización de una junta de urgencia ayer, en la ciudad de México, entre funcionarios de la empresa productiva del Estado.
Allí, se habría recordado un dato preocupante: PEMEX habría recibido amenazas de ataques a sus instalaciones de Tabasco, Veracruz o Salamanca.
¿Lo de ayer fue un sabotaje, un accidente o el resultado de una negligencia fatal en el contexto de la privatización de Petróleos Mexicanos?
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Se tenía prevista la visita de Enrique Peña Nieto a Coatzacoalcos para inaugurar la planta de Braskem-IDESA, otro ejemplo de la inversión privada en el sector energético mexicano.
La llegada del Presidencia –trascendió ayer en televisión nacional– se adelantó para este jueves 21 de abril…en el contexto de una desgracia.
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Un tema clave: la responsabilidad.
PEMEX se está privatizando a partir de la Reforma Energética. En Pajaritos, el control ya no está en manos de la Empresa Productiva del Estado, sino en manos de Mexichem.
¿Por qué la empresa propiedad de Antonio del Valle no determina su papel en torno a esta tragedia?
¿Sólo ponemos los muertos en el sur de Veracruz, PEMEX da la cara y Mexichem se queda con las ganancias?
Mal juego.
Terrible estremecimiento. La zona Sur está plagada de violencia y ahora esto: las fallas o el sabotaje en una empresa privatizada cuyo sindicato –¿Dónde está Ramón Hernández Toledo, líder de la Sección 11? ¿Qué hace para defender a sus representados? – simplemente mira y calla mientras su gente es desplazada, puesta en peligro junto a toda la población y es entregada en sacrificio a la todopoderosa iniciativa privada.