Sin tacto
Por Sergio González Levet
15 de abril de 2016

Las encuestas bien hechas y serias son un instrumento de medición científico que sirve para tomar decisiones a partir de la información obtenida. Parten de la teoría de la probabilidad y su característica es que como están basadas en esquemas matemáticos probabilísticos, a partir de ellas es posible establecer resultados que tienen confianza y precisión.

Pero el uso y abuso de la información surgida de encuestas se ha convertido en un recurso mercadológico que utilizan varios candidatos como una forma de convencer al público votante de que gozan de la preferencia mayoritaria, con el objetivo de crear una inercia a su favor.

Platico con el doctor Héctor Coronel Bricio, siempre interesante en lo que dice, y me revela los alcances, las limitaciones y las desviaciones que pueden sufrir las encuestas electorales, tan de moda en estos tiempos de campaña.

Bueno, el doctor Coronel no es un médico cirujano como lo fue su padre tan recordado, el doctor Pedro Coronel Pérez, o lo es su propio hermano Pedro. No, don Héctor es actuario y tiene un doctorado en Estadística Matemática, que logró después de estudiar arduamente en la Universidad Simon Frazer, en la Columbia Británica de Canadá. Además es miembro del Sistema Nacional de Investigadores en el área de ciencias físico matemáticas.

Así que sabe lo que dice sobre el tema. Y lo sabe como pocos. En adelante, les dejaré su docta palabra.

Más que encuestas, lo que se hace mayormente son sondeos de opinión, que pueden ser útiles a los equipos de campaña para tener una idea aproximada de cómo va su candidato en la preferencia, pero que no son tan precisos ni confiables como las encuestas científicas.

Una encuesta seria debe establecer la forma en que se recolectó la información y debe responder a un esquema de probabilidades bien definidas. Por ejemplo, haciendo una selección al azar de los encuestados, para evitar el sesgo de la respuesta si se pregunta sólo a un estrato de la población.

La encuesta tiene que establecer -mediante métodos estadísticos aplicados por especialistas en modelos de probabilidades- el grado de confiabilidad del ejercicio, que generalmente debe ser de 95%.

Y una última característica es que debe especificar el grado de precisión, es decir, en cuántos puntos porcentuales puede variar su percepción (+ – 3, por ejemplo, lo que significa que si un candidato obtiene un 30% en una variable, se coloca en un rango entre 27 y 33%; si la diferencia entre dos candidatos es menor a la variación estimada, es cuando se dice que están en un empate técnico).

Por otra parte, una encuesta puede tomar en cuenta una gran cantidad de variables, que servirán para garantizar un resultado más certero. Mientras más variables se apliquen, mayor precisión tendrá.

Estas variables pueden ser el género de los encuestados, su nivel de estudios, su lugar de residencia, su condición económica, su edad, etc.

Y también es crucial el tamaño de la muestra. En el caso de las encuestas electorales en Veracruz, lo recomendable es preguntar de 800 a 1,200 personas, y en el caso de que se haga por estratos, hacerlo con unos 400 ciudadanos por cada uno de ellos.

No faltan los que inventan encuestas y las tratan de disfrazar afirmando que se utilizó algún medio científico en la aplicación. Sin embargo estos fraudes son fácilmente detectables por un experto. Hay una validación, que es la auditoría estadística, mediante la cual se detecta la congruencia y la consistencia de una encuesta.

Así que una encuesta científica debe segur un estricto protocolo y usar una metodología específica.

¿Cuántas de las encuestas tan publicitadas en estos días cumplirán con estas exigencias científicas?

¡Cuidado con ellas!

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