Entre Columnas
 Por Martín Quitano Martínez
13 de abril de 2016

Una nación sin elecciones libres es una nación sin voz, sin ojos y sin brazos.

Octavio Paz (1914-1998) Poeta y ensayista mexicano

El OPLE, el árbitro electoral veracruzano es un órgano institucional marcado por la desconfianza social como la mayoría de las instituciones en la entidad, es sujeto de recelos desde su conformación y por sus cuestionables comportamientos.

El que debiera ser garante de la realización, vigilancia y legalidad de los procesos de elección se encuentra ampliamente señalado de no estar a la altura de unas circunstancias políticas que reclaman credibilidad, imparcialidad, capacidad y honorabilidad; su actuar es cuestionado por un importante sector social y sin duda con ello se coadyuva a la construcción de imaginarios que enrarecen los ambientes de una elección como la que ahora vive Veracruz con altos niveles de polarización.

El marco social e institucional en el que se realizará el proceso electoral 2016 es profundamente complicado, los niveles sociales de hartazgo de las formas y comportamientos de quienes hacen y viven en mayor medida la cosa pública, presuponen escenarios contrastantes, por un lado un mayor alejamiento de los votantes a partir de la descalificación y las desconfianza hacia la clase política y sus partidos, por otra parte la posibilidad real que ante las condiciones de crisis en la que se vive y la propia característica de ser una elección de gobernador se genere una actitud proactiva que logre una participación que rebase los tradicionalmente bajos porcentajes de votación.

En cualquier caso, lo preocupante es que quien por ley tiene que garantizar la organización de un proceso creíble, equitativo y que se desarrolle con apego a las reglas no se desempeñe con probidad. La integración del órgano por ejemplo contiene de ya la semilla de la desconfianza, con personajes discutibles por su capacidad y su imparcialidad, se dice que son alfiles del gobernante en turno para garantizar la operación y las maniobras que les permitan una organización electoral a modo de sus intereses.

 La vida de nuestra democracia veracruzana ha sido tortuosa, ha sido manoseada y distorsionada por unas élites que han hecho de ella un espacio donde se privilegian sus ganancias, donde los informes que se ofrecen del ejercicio público muestran un panorama desolador que cuestiona la propia viabilidad de un sistema democrático que sale mal parado por sus resultados.

El Veracruz de los dolores y el miedo, de la corrupción y la impunidad, de la pobreza y la violencia, del abandono y la crisis son todos ellos elementos que han generado una desilusión y suspicacia democrática que puede ser altamente riesgosa. Es urgente entender que se requiere un golpe de timón que pasa esencialmente por la confianza que se debe buscar día a día; el OPLE veracruzano tiene ahora mismo una prueba de fuego, la pregunta es si podrá responder a una exigencia de primer orden, la que da razón a su existencia al garantizar el desarrollo de nuestra vida democrática.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA 

El caso de los Porkis entre la complicidad y la impunidad, mientras la fiscalía ofende a la inteligencia.    

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