Si bien los desatinos de la administración estatal de Javier Duarte de Ochoa han contribuido al crecimiento de la oposición en Veracruz, no es menos relevante que la falta de resultados de las políticas del gobierno federal también ayudan a generar ese ambiente adverso a los candidatos del partido oficial. En una ponderación de la imagen que hereda el gobierno de Enrique Peña Nieto a los candidatos de su partido, es innegable que no aporta mucho a la competencia política ya que en esta región del país tampoco se han visto muchos beneficios de su gobierno.

El PRI no puede esperar una aprobación positiva en las urnas después de que las reformas promovidas por el gobierno de Peña Nieto no han traído los beneficios ofrecidos, lejos de ello han provocado el enojo de la población, basta conocer la irritación social en las zonas petroleras de la entidad donde se han recrudecido los despidos de trabajadores de PEMEX; esta situación se repite entre el magisterio veracruzano que rechazó la reforma educativa y que públicamente ya decidió dar un voto de castigo al PRI y promover una alianza con los candidatos del MORENA.

El gobernador Javier Duarte de Ochoa y el presidente Enrique Peña Nieto forman parte de esa pesada carga  que deben pasear sobre sus hombros los candidatos del Revolucionario Institucional; el estancamiento económico y la falta de oportunidades para el desarrollo de miles de familias de las zonas rurales es una responsabilidad compartida del estado y la federación que no pasará desapercibida  para los candidatos de la oposición que bien puede apuntar sus baterías a los dos gobiernos para incrementar sus posibilidades en este proceso.