Camaleón
Por Alfredo Bielma Villanueva
23 de abril de 2016

En la interpretación idealista de la historia, para la que el individuo es la fuente de toda energía y resolución, causa y efecto de toda evolución y revolución social, no tiene cabida sino el poder determinante del individuo sobre los acontecimientos, al margen de cualquier inspiración social; ni la cultura, ni el arte, ni la economía como actividades en sociedad conforman al líder, porque éste las diseña a su modo con el apoyo de la Providencia. Los Césares, Atila, Urbano II, Gandhi, Napoleón, Hitler, Lenin, Mao, etc., son, según este método de interpretación histórica, los forjadores de la humanidad por mandato cuasi divino. En este pensamiento o visión histórica del Medievo no cabe la sociedad como impulsora de cuanto movimiento humano es posible, tampoco la economía como acondicionadora de circunstancias, sólo el individuo que por sí mismo es capaz de destacarse sobre el ser social.
Con el Renacimiento, el descubrimiento de América, los avances de la ciencia, el geocentrismo reemplazado por el heliocentrismo, el antropocentrismo, la concepción simplista de la historia se fue desvaneciendo, hace siglos entró en decadencia y en su lugar devino otro método de interpretación, Marx y Engels, entre otros pensadores desvanecieron telarañas ideológicas e introdujeron una nueva concepción de la historia; es clásica la frase Orteguiana que pregona “Yo soy yo y mis circunstancias” para declarar la dicotomía dialéctica entre el hombre y su medio.
Ya no más iluminados, simplemente hombres desenvolviéndose en determinada actividad a la que las circunstancias orientarán y darán rumbo. Sin embargo, en política “No hay hombre sin hombre”, dice socorrido refrán para ilustrar que en esa actividad el más brillante de los individuos no prospera sin la convergencia de sus aptitudes con quien o quienes las impulsen o aprovechen. Vale la reflexión para aplicarla a los momentos electorales por los que atraviesa nuestra adolorida entidad veracruzana, en donde siete individuos compiten para ganarse la voluntad ciudadana en pos del gobierno bianual 2016-2018, un corto periodo que apenas podrá permitir arreglar el desarreglo administrativo, terminar lo inconcluso por casi doce años, develar la verdad sobre la nebulosa que cubre la deuda del gobierno, la crediticia y el pasivo circulante, sentar las bases anticorrupción con medidas draconianas aunque apegadas a derecho para que no vuelva a ocurrir lo que desde 2010 se temía irrepetible, atraer al gobierno nueva generación de gente con principios y valores en los que prevalezca la concepción de que el servicio público es para “servir”, no para enriquecerse.
Los tiempos han cambiado, ya no más partido hegemónico, hemos creado nuevas instituciones para evitar conflictos poselectorales aunque conforme a cada experiencia electoral debemos acondicionarlas, perfeccionarlas conforme transcurren los acontecimientos. Decíamos que siete candidatos buscan gobernarnos, unos con mayor probabilidad de sacarse la rifa del tigre al arribar al gobierno, otros acomodando las circunstancias para el 2018 y otros más sirviendo de apoyo “logístico” contra un determinado candidato, son piezas de repuesto circunstancial cuya actuación es permitida y acondicionada por el marco electoral vigente.
En el repertorio de “novedades” figuran las encuestas y la celebración de debates, que son herramientas de relativa novedad en nuestro sistema político- electoral. El debate antecede a las tímidas incursiones “democráticas” y de apertura que el PRI-gobierno empezó a introducir con las llamadas “pasarelas” de candidatos, aquellas en que los señalados por el presidente de la república eran muestreados a la opinión pública, y seguramente uno de ellos sería el sucesor del Gran Tlatoani. La aparición de una genuina competencia electoral obligó a echar mano de los “debates”, más para inmediatamente presumir un “ganamos” que para escuchar propuestas, pues al final nadie vota por ellas. En Veracruz también ya utilizamos esas herramientas y debemos aceptar que sus “resultados” penetran efectivamente en el subconsciente colectivo y pueden ocasionar variaciones en la percepción ciudadana.
Para fundamentar el grado de nuestros avances político-electorales y la transformación de nuestro Sistema Político tomamos lo que “Camaleón” publicó este viernes en el portal sociedadtrespuntocero.com:
“El 21 de abril de 1986 el presidente Miguel de la Madrid asistió a la Escuela Naval de Antón Lizardo para conmemorar la heroica defensa de la ciudad y puerto de Veracruz en 1914, al término del evento conmemorativo invitó al gobernador Agustín Acosta Lagunes a que lo acompañara en su viaje de retorno a la ciudad de México, este detalle avivó las especulaciones acerca del inminente ‘destape’ del candidato al gobierno de Veracruz. Al día siguiente, martes 22 de abril, a las 11 horas el senador veracruzano Manuel Ramos Gurrión recibía en su despacho la visita del ex gobernador Rafael Murillo Vidal, allí los encontró una llamada del presidente del CEN del PRI, Adolfo Lugo Verduzco, quien comunicó al senador las adhesiones de apoyo que estaba recibiendo don Fernando Gutiérrez Barrios para la candidatura al gobierno veracruzano y lo invitaba a sumarse al ‘espontáneo’ efluvio. He allí la diferencia entre antaño y hogaño, en esos tiempos desde el 22 de abril se sabía quién iba a gobernar Veracruz a partir del 1 de diciembre próximo”. En cambio, ahora hay que esperar el veredicto ciudadano, un pequeño salto del individuo en sociedad, un gran salto hacia la democracia.
alfredobielmav@nullhotmail.com