Tal Cual
Alberto Loret de Mola
26 de abril de 2016

Siempre nos hemos preguntado qué más le da al gobierno federal y a los gobiernos estatales, ante desgracias como la del complejo petroquímico que explotó, o sobre catástrofes de gran magnitud, decir la verdad sin cortapisas. Que si hubo 150 muertos no vengan conque son veinticinco y por el momento están viendo qué pasa con otros heridos de gravedad. Siempre parece que ocultan algo.
El tema de los desaparecidos indigna. De verdad. Hemos visto desastres naturales como los acontecidos en el dos mil, cuando se hablaba de unas decenas de muertos y miles de desparecidos. Yo no sé qué pretendían con decir, pasados treinta días, hay tantos muertos confirmados y muchos miles desaparecidos, en vez de afirmar que los que no aparecen son presuntamente fallecidos pero que no se han encontrado sus restos. Sabemos que es requisito tener el cuerpo o dejar pasar muchos años, pero esa es otra historia. El tratamiento al tema de los que desaparecen tras un cataclismo, es como si esas decenas de miles de personas aprovecharan una inundación o una explosión para escapar de sus seres queridos sin dejar rastro. Si un padre de familia o un hijo es arrastrado por la corriente, no es lógico pensar que al mes de su desaparición, se suponga, al estar en calidad de “desaparecido” que ya vive en otro sitio muy quitado de la pena. Repetimos: pareciera ocultan algo.

Lo mismo pasa con los partidos políticos.
En estas elecciones, uno de los pilares del PRI jarocho es el dicho de que “nunca han perdido una elección en Veracruz”. Y eso no es exacto. Han perdido y en elecciones generales.
Si bien es cierto que en un siglo no ha habido un gobernador de otro partido, lo cierto es que en las tres pasadas elecciones presidenciales, Veracruz optó por el PAN en dos ocasiones y el PRD en una. Y Fidel, en la local, estuvo a unos cuantos cientos de votos de perder.
Labastida perdió en Veracruz y lo operó Alemán. Madrazo perdió también y lo operó Herrera Beltrán. Peña perdió de nuevo y lo operó Duarte. Entonces, de que pierden, pierden. No siempre ganan. Opere quien opere. El panorama pues es incierto.
Lo que sí es cierto es que aunque Héctor Yunes propone obras y acciones que serán difíciles de concluir, Miguel Ángel trae un discurso mucho más bélico: meter a todo dios a la cárcel. Mientras Héctor habla de la riqueza de su primo, su primo señala la pobreza de Veracruz y la opulencia de los actuales gobernantes. Nadie habla de la economía de Héctor aunque así lo ha intentado. Y es que, sinceramente, ésta no resulta interesante.
Nos preguntamos en este punto qué prefiere la ciudadanía: una nueva escuela o a Edgar Spinoso en la cárcel sirviendo de almohada de algún consumado violador tras haber devuelto los miles de millones que dicen se llevó; un paso a desnivel o a Adolfo Mota picando piedra en Pacho Viejo. Y así hasta el infinito.
Han sido muchos los años de lejanía. Muchas las humillaciones. Recordemos a los viejitos esgrimiendo sus muletas para defenderse de toletes eléctricos a manos de gente armada hasta los dientes.
La sed de venganza es mayor al sueño de prosperidad. El ser humano es violento por naturaleza. Es la educación la que templa la barbarie y permite emerger lo bello y noble de la humanidad. Lamentablemente hace muchos años, en el gobierno estatal, se fue perdiendo el sentido. Para aparentar su humanismo reparten colchonetas, no generan condiciones de prosperidad. Para sentirse protectores, regalan pescado -literal- y ya saben lo que reza el refrán.
Es triste pero estas elecciones no las va a ganar quien mejor propuesta y currículum tenga sino quien más despensas, monederos del ahorro y tortas reparta y, sobretodo, quienes mejores aliados ostente en los tribunales electorales, quien suelte más dinero pues. Hay veces que la riqueza sirve para comprar lo que esté a la venta. Y aquí la triste pregunta ¿Hay algo en este precioso país que no tenga precio?
Pensamos que sí, pero esas cosas invaluables que muchos mexicanos no vendemos, como la virtud, el honor y la espiritualidad, no tienen nada que ver con este proceso electoral.