Aunque la versión es descabellada y carece de bases firmes para su comprobación, el solo hecho de que se especule ya provoca resquemores. Menudean las razones para no creerla: ¿Cómo abandonar una misión diplomática que quizá se le confirió para mantenerlo alejado de cualquier pretensión política en su país? ¿Venir a Veracruz a apoyar al candidato priista al gobierno del Estado? Por supuesto, el primero en rechazar esa posibilidad sería el propio candidato, pues si ya con Duarte lleva un pesado lastre, cargar con otro caminaría hacia el precipicio. Si la versión fue inducida desde allende el atlántico encuentra explicación en la nostalgia por ocuparse en lo que realmente sabe hacer: ganar elecciones al costo que sea, como se demostró en 2010, pero en lo que corresponde a la actual campaña, la experiencia del candidato del PRI, las estrategias de campaña y el equipo con el que cuentan suplen con creces las marrullerías de antaño.