Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
18 de abril de 2016

 

 

Hace más de tres décadas me dedico a la observancia política.

Acaso por ello soy un convencido de que al no ser una ciencia exacta ésta responde a percepciones, pero fundamentalmente a las circunstancias del momento político, de tal suerte que lo que hoy es certeza mañana dejará de serlo.

En paralelo, la irrupción de las redes sociales vino a dar a la política un escenario de disputa que en gran medida ha sustituido a los medios de comunicación formales.

Por estos días de definiciones electorales la arena de discusión virtual, que es la real, se crispa.

Del análisis y definición de posturas partidarias en las columnas y análisis periodísticos se ha transitado a la ofensa; de la agresión verbal a la amenaza y sacar de contexto espacios de opinión para confundir al electorado.

Viene al canto la reflexión ya que justamente por estos días en las redes se registra una embestida contra ciertos “opinadores” –entre los cuales me incluyo- de parte de simpatizantes de tal o cual color o candidato que no admiten disidencia alguna.

Quien esto escribe ha dedicado parte de su vida a la observancia política veracruzana misma que he traducido en columnas políticas algunas de las cuales han gestado polémica, otras aprobación, pero lo más importante es que tal vez ha servido para enriquecer el bagaje político en la toma de decisiones.

La columna política, a diferencia del artículo de fondo o la editorial es la postura del periodista ante determinado acontecimiento de tal suerte que hay a quien guste y a otros que irrite y emprendan acciones que atenten incluso a la vida y patrimonio familiar del emisor.

Ya en lo particular observo que del análisis periodístico de los siete aspirantes a la gubernatura en disputa el próximo 5 de junio, un grupo de seguidores en redes de Miguel Angel Yunes Linares, se ha empeñado en sacar de contexto mis reflexiones y definiciones políticas “para exigirme congruencia” que no es otra cosa más que hablar bien del aspirante.

En ello se sintetiza toda su demanda.

Ya en alguna ocasión ante el enojo de los dos Yunes, Miguel Angel y Héctor manifiesta en groseras cartas enviadas a mí correo y a la opinión pública, decidí más que responder enviar de manera virtual, un ramo de rosas. Así lo hizo el monero Helioflores cuando el presidente José López Portillo le gritó a Proceso “No pago para que me peguen”.

Hablar bien.

¿Qué es hablar bien de Miguel Angel Yunes Linares?

Destacar su valor civil, reconocerle que por más de una década de embestida mediática y judicial, primero de Fidel Herrera y luego de Javier Duarte, ha salido inmune y que hoy que busca la gubernatura está en una seria posibilidad de alcanzarla.

¿Qué más?

 Que busque en medio del reconocimiento generalizado llevar a la cárcel al gobernador Duarte por lavado de dinero por 35 mil millones de pesos, tal como se ha dicho en este espacio y que comprometa a su gobierno en la seguridad de los veracruzanos, les lleve salud, atienda a jubilados y pensionados y garantice la gratuidad de la Universidad Veracruzana.

Hasta ahí lo reconocible y encomiable, aplausos… pero ¿Hablar mal de él es ocultar la realidad?

Hechos incontrovertibles como el que Andrés Manuel López Obrador vino a descobijarlo en su alianza salinista, que Manlio Fabio Beltrones lo colocó en días pasados en el sitio de un futuro saqueador de Veracruz o que su propio primo hermano lo señale por no rendir sus declaraciones patrimoniales denominadas 3 de 3.

¿Hablar mal o con verdad es ocultar el involucramiento de su hijo Omar en un problema de ilegalidad financiera internacional o que le esculquen su pasado poco edificante?

¿No es mejor para el elector presentar las dos caras de la moneda y evitar ser un panfletario?

El tema evoca cuando en otro momento los encabezados de mis colaboraciones hablaban de que Pepe era el bueno –en su momento escribí también que Silva era el bueno por ser el candidato de Duarte- y que Méndez de la Luz “es la opción” o que Cuitláhuac encabeza una “revolución silenciosa”.

Las percepciones son igualitas a las encuestas.

Son un flash del momento. Justamente una fotografía del día, no destinos manifiestos.

Un columnista no posee una bola de cristal y la información que recibe, la investigación que recaba y las hipótesis del momento político son los elementos con los cuales se vale para hacer sus reflexiones que al hacerlas públicas a muchos gusta y a otros desagrada al grado de la ofensa.

En la columna no se puede ser –dirían los clásicos- monedita de oro. Se escribe y al otro día se reescribe como la historia misma y si hay equivocaciones o yerros éstos, si eres congruente, también los haces públicos.

Recién aprendí por ejemplo que uno como opinador no se puede meter con la vida privada de las familias de los protagonistas de la política. Me pasó con Américo Zúñiga a quien prometí jamás meterme en mis opiniones con su señora esposa. Me sucedió con la señora Matsumoto a quien prometí a Claudia Guerrero que jamás me metería con el hijo de esta señora a quien si cuestiono.

Ese es el quehacer de todos los días.

No es la chamba del que no cae resbala, simple y llanamente son las apreciaciones de un columnista que llama la atención en sus comentarios a cierta gente que a la más mínima disidencia grita “¡ya lo chayotearon!” o “¡Prensa vendida!”.

En alguna ocasión Manuel Mejido, mi maestro, me decía que era más fácil ser aplaudidor de un régimen que disidente. A Pancho Cárdenas Cruz no disgustaba mi trabajo como corresponsal de guerra y gracias a sus columnas me otorgaron el Premio Nacional de Periodismo y don Froylan hace unos años me dijo: “Que raro escribes, pero no me disgusta” y para Santos Solís mis columnas son controvertidas y polémicas “siempre están en el ojo del huracán”.

Al final del día sólo te quedas con lo que tienes: la medianía, el reconocimiento regateado y el levantarte todos los días a escribir dejando a un lado la esperanza de saber con quien vas a quedar bien porque no es el caso.

Al final del día, sea Héctor, Miguel Angel o Juan Bueno ¿qué buen gallo, es, no? tendrás que prepararte para escribir la historia del día a día en donde si quieres ser congruente no puedes servir, como en las fondas, los güevos al gusto.

Tiempo al tiempo.

 

 

 

*Premio Nacional de Periodismo