Por Lenin Torres Antonio
29 de abril de 2016

A propósito de la Xalapa de mis recuerdos y de las inercias inexpresivas y egoístas

No deja de ser la política en México un espectáculo surrealista, donde lo absurdo es regla de conducta, y buen oficio público. Una y otra vez vemos conductas inverosímiles, contrarias al sentido común, la vida cotidiana se configura y se conduce con esos artilugios sacados de la chistera, que deberían ser acompañados de expresiones clásicas de alabanza como: “bien hecho mi magazo”, o de estupor silencioso y complaciente como en la mayoría de los casos. 

El ejercicio público aparte de ser el escenario de apuntalamiento narcisista del gobernante en turno, es un espectáculo de improvisaciones, y ocurrencias de todo tipo; todos lo inician buscando lemas o eslóganes que los hagan trascender y ser inmortales, pensando ingenuamente que esa vulgar mercadotecnia será suficiente para lograrlo. 

Como he dicho siempre, entramos a las luces de la ilustración cuando los demás están saliendo de las luces de la ilustración desencantados porque esas luces no alumbraron a la humanidad; y el aciago demiurgo despierta malhumorado haciendo estragos en nuestra ingenuas civilizaciones, quizás nunca ha dormido y tan sólo adormitado nos hizo tener la ilusión que nuestra naturaleza sería exclusiva y buena. 

Polisémicos y camaleónicos nos adaptamos a los significantes que más nos convengan, en unas condiciones somos los chingones, en otras, los chingados, hijos de la puta madre, y a la vez, santa madre. En el 2000 esa mercadotecnia y estrategia que apuntalaba el poder unipersonal de un partido se colapsó, la primavera se adelantó y nuevos retoños de ideas y aspiraciones aparecieron, y se hicieron acompañar de un nuevo discurso político, “democratización”, “transición”, “ciudadanización”, entre otras se instalaron en el vocablo de los políticos, y tal cual camaleones, adoptaron una nueva imagen y un nuevo escenario de la lucha por el poder, pero algo estaba mal, algo no encajaba, y era que todo eso ha sido pura retórica y elasticidades burocráticas, el mexicano sigue siendo el mismo, un pueblo aguantador y masoquista, y un político corrupto e inmoral que no le importa más que sus intereses personales, y que si tienes que adoptar nuevos colores y discursos en sus cuerpo y almas, con tal de mantener el poder y los privilegios, no dudaran en pretender engañarnos que ahora si han cambiado las cosas, que el México por-venir será el México de la igualdad y el progreso, como si no los conociéramos, con tal de convencer tienen que auto-entregarse premios de precursores del porvenir y la modernidad, y pagar para salir en prestigiosas revistas y periódicos. Un escenario mundial perverso, donde los poderosos dictan lo que es bueno y malo, y ponen estrellas en la frente a los mejores discípulos de la maldad civilizada, en el fondo, está la dictadura del bueno, entendido bueno como nos lo enseña Nietzsche, bueno es el que tiene el poder, no el bueno de la fe cristiana, el de buen corazón, el de la caridad.

Una triste confesión: Tengo unos buenos años viviendo en Xalapa, y por eso he visto como la ciudad ha vivido los últimos 20 años, desde esa ciudad fresca, con su tradicional chipichipi, y sus callejones alegres, fácil de vivirla y disfrutarla, a esta que para transportarse de un punto a otro de la ciudad hay que vivir una auténtica odisea, con sus cuellos de botellas, y su centro histórico caótico, y poco histórico, con sus zonas exclusivas y bien resguardadas. Actualmente vivo al sur de la ciudad, y una y otra vez he visto como cada año, después de los tradicionales aguaceros las calles y avenidas quedan maltrechas y cacarizas, y como el gobierno municipal vuelve a asfaltarlas con materiales de mala calidad que seguro las próximas lluvias erosionaran y destruirán, y se volverá a repetir la triste historia de siempre, de volver a asfaltarla con materiales de mala calidad y poca resistencia. Creo que muchos nos preguntamos por qué no invierten en materiales de buena calidad como el concreto hidráulico, que según los expertos tiene una promedio mayor de vida del que se está utilizando, pero eso no sucede, y vemos una y otra vez, a los trabajadores del ayuntamiento con su chapopote rellenar los huecos de las maltrechas avenidas, incluso pomposamente han diseñado un programa de bacheos ad hoc para el caso. Así también vemos como para cada obra pública que se realiza, se lleva a cabo un despliegue inusitado de publicidad: mantas, anuncios, spot, etc., que a veces rebasa el presupuesto de la misma obra pública que se lleva a cabo. Cómo entender estos bizarros y absurdos comportamientos, cómo justificarlos, cómo hacer que prevalezca el sentido común en el ejercicio de gobierno, y entender que gobernar es una responsabilidad de administrar los intereses y los recursos de todos de manera certera y eficiente, cómo separar los intereses personales de los públicos. En fin, esas preguntas siguen quedando sin respuestas plausibles, porque la realidad a la mexicana sigue siendo la mismas, actuamos como si no pasara nada, todo en una inercia espantosa y predecible, ¡así somos y qué!

Hace un tiempo cite a Pierre Voirin, que nos decía que, “cuando alguien vive a la orilla del mar acaba por no darse cuenta del murmullo de las olas a su espalda, el hábito es una especie de sueño, acompañado del oscuro deseo de no ver nada más, de no oír nada más..”, no darnos cuenta, nos vuelve ciegos de que las soluciones a nuestros problemas las tenemos en frente, como un jugador de ajedrez, que en una partida pierda la visión del tablero y en la siguiente jugada tiene a tiro el jaque mate, y no lo hace, perdiendo la única oportunidad que tenía de ganar; creo que algo similar nos pasa a nosotros, los procesos de alienación nos aturden y nos hacer no ver lo que tenemos a la mano, que puede ser utilizado para un mejor vivir, así sucede con las políticas públicas personales que nos alejan de los planteamientos inteligentes comunes que pueden hacer que un gobierno mejore las condiciones de sus pueblos, es el caso de Xalapa, un lugar con una extensa riqueza cultural, histórica y natural, centro de una región basta en riquezas; y que el hecho de haber Estado viviendo tanto tiempo en estos bellos lugares, no nos damos cuenta, que es precisamente, estos hermosos lugares la solución a nuestros problemas. Pierre tiene razón, hemos vivido tanto tiempo aquí que no nos damos cuenta lo que tenemos enfrente.

La situación es simple con respecto al progreso de Xalapa, requiere una innovación de la forma en que se ha visto el Municipio, como un lugar limitado a la burocracia y a la vida académica y estudiantil, no se ha generado otra visión que permita ver a de Xalapa como una ciudad sostenible, que genere su propia riqueza, aprovechando al máximo su recursos humanos, su cultura, su naturaleza, su historia, sus conocimientos, su situación geográfica que le puede posibilitar ser la sede de un desarrollo regional y metropolitano, que tenga como centro Xalapa, triangulo del progreso, al sur Xalapa cuenta con unas hermosas playas, un baluarte, un acuario internacional (Veracruz), zonas arqueológicas (cempoal), un lugar histórico (la antigua, primer municipio de América), al norte, comida tradicional (banderilla), una montaña (el cofre de Perote), al este, comida tradicional e industria del calzado (Naolinco), al oeste, pueblo mágico, cascadas (Xico), ríos rápidos(Jalcomulco), y al centro, la joya de la corona, museo, teatro, lugares clásicos, comida tradicional, paseo de los lagos, centro histórico, etc., y fundamentalmente, la inteligencia de sus gente.

Imagínense a Xalapa con una buena infraestructura hotelera, y de transporte, promocionada internacionalmente, ofertando paquetes turísticos por todo el mundo.

Imagínense a los extranjeros y a nuestros paisanos, mirar hacia Xalapa, disfrutando de nuestras riquezas naturales, culturales, históricas, y de conocimiento, dejando sus divisas, dólares, euros, pesos en nuestra ciudad.

Seguro que esa industria del turismo, es una de nuestras principales riquezas, es una de las manera de generar riqueza, lo cual, permitirá, elevar nuestro nivel de vida, tener trabajos bien remunerados, reducir la tasa de desempleo, y dar certidumbre de futuro a nuestras nuevas generaciones.

Vuelve las evidentes preguntas, por qué no se piensa más allá de las inercias estúpidas y se asumen una convocatoria hacia esos lugares inéditos y se insiste una y otra vez sobre visiones que pueden permitir abordar otros estadios de vida pública. Queda pues pensar que algún día la realidad violenta nos escupa a la cara y despertemos corresponsabilizándonos de nuestros espacios públicos.