Línea Caliente

Por Edgar Hernández*

07 de abril de 2016

¡El Peje pretende llevarse a Veracruz a su causa presidencial!

 

¡Asómbrese!

Encuestas internas de la Secretaría de Gobernación de la ciudad de México –las de verdad- colocan a Morena en la preferencia veracruzana, siete puntos arriba.

Al igual que en las federales donde el voto silencioso llevó el año pasado a la diputación federal al desconocido malhumoriento Cuitláhuac García –quien nunca hizo campaña ni se promovió, menos gastó un centavo-, hoy Morena trabaja muy por abajito del agua para arrebatar la gubernatura a los primos.

Por encima de Miguel Angel Yunes Linares, quien se coloca según Berumen y asociados 10 puntos arriba de, Cuitláhuac lleva tal distancia que de ser cierta va a impedir la judicialización de la elección del 5 de junio.

Eso dicen sus números.

Tal vez ciertos, seguramente engañosos…, el tema, sin embargo, es la preocupación que ha sembrado en el real puntero Héctor Yunes por el inusitado crecimiento del pupilo de Andrés Manuel López Obrador.

Las aproximaciones señalan que el candidato de Morena ha permeado no solo en las plazas que ganó Morena inusitadamente en la pasada elección –Coatzacoalcos y Xalapa- sino en distritos electorales donde Cuitlahuac nunca ha estado y no lo conocen siquiera en fotografía.

Es el efecto Peje.

Así, con triunfos electorales en dos de los distritos más importantes del estado, en el 2015, el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) podría ser la bandera de la alternancia en Veracruz.

Sus victorias en Xalapa Urbano y Coatzacoalcos, sorprendieron a la estructuras del PRI y del PAN, y desplazaron al PRD, y para el próximo 5 de junio podrían incrementar sus bonos.

En realidad Morena sigue siendo la gran incógnita.

En la entidad, esta fuerza política cosechó cerca de 300 mil sufragios, que equivalen al 12.07 por ciento de la votación total, lo que le ubicó en la tercera fuerza de la entidad, superando a los partidos de la Revolución Democrática (11 por ciento) y Verde Ecologista (7.77).

Esos son los datos duros.

En la otra cara de la moneda se observa al joven partido liderado por un viejo ex priista con un partido nuevo que cada día se fortalece y que en Veracruz, la tercera reserva electoral en votos, está gestado una revolución silenciosa.

Pocos recuerdan lo que pasó ese 6 de junio del año pasado cuando Xalapa amaneció desierta. Sus calles vacías desde la apertura de las casillas electorales a las ocho de la mañana hasta el mediodía en que le pasaron una tarjeta informativa al alcalde Américo Zúñiga en donde se le informaba que en la impronta millares de ciudadanos estaban saliendo a votar de las colonias que no se tenía previsto participaran.

“Se observan verdaderos ejércitos de jóvenes haciendo fila”.

Amas de casa, maestros, el círculo intelectual, los jubilados y pensionados ya para entonces lastimados por los abusos del régimen de Javier Duarte, colonos en reclamo permanente de servicios, la misma burocracia del ayuntamiento y el ala izquierda de la población se volcaron.

No fueron arriba de 22 mil los votantes cuando el mínimo para ganar la elección era de 65 mil (Elizabeth alcanzó cuando la municipal 82 mil sufragios).

¿Qué pasó?

Para esa elección los maiceados para votar por el PRI desaparecieron, los comprometidos de semanas atrás nunca salieron de sus casas, la estructura priista municipal y el priismo metropolitano ausente y sí presente la ciudadanía en el hartazgo por la herencia que dejó la pésima administración de Elizabeth Morales, aunado al desprestigio de Javier Duarte.

Ello fue determinantes en la aplicación del voto de castigo al PRI en Xalapa.

En aquel momento lo que llamó la atención fue la comunicación interna de Morena para con sus simpatizantes, siempre encriptada, soterrada, en el silencio para que el “enemigo no nos descubriera”.

Reuniones en casas de universitarios, cónclaves con el sector pensante de Xalapa, cero declaraciones a medios de comunicación y el respaldo de centenares de familias, arrojaron una victoria de escasos votos contra cero sufragios para el PRI.

Hoy para la renovación gubernamental se está siguiendo el mismo esquema.

Morena está recorriendo pueblos y ciudades. Se concentra donde se aglutina el mayor número de votantes. Brigadas juveniles recorren las áreas más pauperizadas para convencer a la ciudadanía que son la mejor opción, la del cambio, la del fin de la corrupción.

Caminan los pueblos sin dinero. Tampoco dan playeras o gorras. No hay promesas, solo compromisos. Es una revolución silenciosa.

Es la estrategia pejista para que una vez alcanzada la plaza, su líder Andrés Manuel López Obrador asiente sus poderes en Xalapa y coloque a Veracruz una vez tras el trono de la gubernatura de Cuitláhuac, como la segunda reserva electoral para Morena (la primera la tiene en la ciudad de México de la mano del estado de México) y desde ahí, como diría don Fernando, empedrar el camino, no al infierno, sino a la presidencia de la república en el 2018.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo