noticia_25234_1A las constantes persecuciones y balaceras que se suscitan en la ciudad de Orizaba y que ponen en riesgo la seguridad de su población, se suma el grotesco espectáculo de la policía municipal que por enésima ocasión arremete contra vendedoras ambulantes provenientes de municipios vecinos. Como en los tiempos del dictador Porfirio Díaz, los guardianes del orden hicieron gala de su fuerza, y sin un mínimo respeto a la condición humana y a los derechos fundamentales, golpearon a mujeres indefensas.

En realidad no sorprende que la policía municipal tenga esa conducta, ya es común que se imponga una especie de ghetto para quienes practican el comercio en vía pública, esto como resultado del afán del presidente municipal Juan Manuel Díez, por imponer su concepto de orden que no tiene límite y alcanza ya manifestaciones públicas de racismo y de discriminación.

Mientras que para la delincuencia organizada, Orizaba es un paraíso, para la población en general es un verdadero suplicio, la policía no sólo arremete contra el comercio informal, también extorsiona y realiza detenciones arbitrarias de jóvenes a quienes se les hostiga por usar cierto tipo vestimenta; la categoría de pueblo mágico no sumó nada extraordinario a la mentalidad conservadora de la autoridades locales, por el contrario, nos deja ver su rostro hipócrita con la instalación en plena vía publica de una estatua de San Miguel Arcángel.