Por Frank Barrios Gómez
21 de abril de 2016

Alguna vez nos preguntamos qué se siente ser viejo. Infinidad de respuestas llegaron a nuestra mente, y no fueron comprendidas en su momento, porque para comprenderlas, hay que vivirlas y nadie siente lo que está sintiendo el vecino.
De jóvenes vimos a muchos viejos sufrir de achaques, lo que hasta cierto punto nos inquietó, y más de uno sintió temor y hasta pidió a la vida, nunca llegar a una edad avanzada, para no padecer los síntomas de los adultos mayores.
Jóvenes fueron impactados por el cuadro que estaban viendo, al grado que toda la vida se la pasaron con el temor de envejecer, imaginando infinidad de cuadros en los que ellos eran los protagonistas, en caso de alcanzar esas edades que por su corta edad, veían imposibles de llegar a ellas.
Se han preguntado ustedes qué es la vejez. Será una bendición o maldición. Y por qué algunos llegan a esa etapa de la vida, y otros no alcanzaron a vislumbrar siquiera esas mieles que otorga el Creador, al llegar a una etapa que debe considerarse natural en el ser humano.
Al nacer Sidartha, el Buda, su padre, el rey Suddhodana lo cría dentro del palacio no permitiendo que el joven príncipe tenga contacto con el mundo exterior, y no conociera el sufrimiento humano.
Sidartha hace su vida dentro del palacio, contrayendo nupcias con la Yasodhará, con quien procrea a Rahula.
Al salir por primera vez y ver el mundo exterior, Sidartha conoce la enfermedad, vejez y muerte, quedando impactado. Ese espíritu de ayuda a la humanidad se manifiesta en él, al grado de dejar a su familia, desobedecer a su padre y abandonar el palacio para buscar la perfección, y ayudar al ser humano a alcanzar un equilibrio entre lo material y espiritual.
La naturaleza humana, no escapa llegar a una edad en la que se envejezca. Muchas veces quiere engañarse a la madre naturaleza, y el individuo se somete a infinidad de cirugías, aparentando de momento una juventud, que denota el temor que siente por la vejez y al final del ocaso, su apariencia es la de un títere que hace reír a quien le rodea.
No quiero decir con esto que no vaya la persona a someterse a una cirugía reconstructiva. Para eso son los adelantos de la ciencia, para vivir una vida decorosa y con dignidad. No está mal darse un retoque en caso de ser necesario, y contar con el medio económico para ello. Aquí no entra el que pongamos en entredicho la voluntad de Dios, o que sea vanidad lo que hace que la persona tome esa determinación.
Hay que saber envejecer con dignidad, y disfrutar la vida como Dios manda. Los años no pasan en balde y el padre Cronos (el tiempo), pasa la factura en su momento, y de acuerdo a como se haya vivido, así será como cada quien termine su vida, con prestancia, si se trató de alguien equilibrado, y supo cultivar su cuerpo para que llegado el instante, lo haga en plenitud de facultades. O terminar sin poderse valer por sí mismo, porque creyó que la juventud le alcanzaría para toda la eternidad.
Juventud divino tesoro, que cada día que transcurra la vamos acabando. Vejez, premio que sólo se le otorga a quienes escucharon los consejos de sus mayores, que hablaron de acuerdo a su propia experiencia.
No es lo mismo los 3 mosqueteros que 20 años después. Cada instante de la vida, hay que saberlo vivir y disfrutarlo, para que llegado el momento, no se esté con lamentaciones por no haberlo hecho, y se quiera regresar las manecillas del reloj para atrasar el tiempo, porque si algo no le ha sido concedido al hombre, es parar o regresar el tiempo para corregir errores, o alargar satisfacciones.
La vida es una complicada operación aritmética, una suma y resta de todas las acciones llevadas a cabo, para que al final nos encontremos en el resultado final. Y quien haya disfrutado y planeado a futuro, se encuentre recogiendo los frutos que sembró, y hasta se da el lujo de disfrutar, al tiempo de recordar todos los disparates que en su momento hizo, producto de su inexperiencia en ese momento.
La vejez es un premio que la vida otorga, sólo a quienes tuvieron la osadía de enfrentar las lecciones que día a día se fueron presentando, las analizaron, comprendieron y cumplieron con su tarea, salir adelante con buena calificación, porque si reprobaron, de ahí nadie pasa, aunque crea que pueda burlar al maestro (Cronos), el cual se hace de la vista gorda y sonríe, porque al final de la existencia, él siempre tendrá la razón, y depositará en manos de la persona que supo vivir con equilibrio, el cuerno de la abundancia, y si la existencia fue un desgarriate, a ese alumno le tocará portar el bastón del mendigo.
La vida se empieza a disfrutar cuando se alcanza una edad madura. De joven hay que darse los gustos que se pueda. Comer, viajar, comprar, compartir y ser alegre, sin temores, ya que eso engrosará las experiencias que más adelante, compartirá con quienes quieran aprovechar sus sabios consejos.
Llegar a viejo no significa que ya no se sirva para nada. Algo que se ha perdido en esta sociedad y no se aprovecha, es la experiencia de los mayores. Gracias a ella, el cúmulo de errores que se cometan, será menor al que hacen los jóvenes. El viejo saborea las mieles de lo vivido, el joven apenas da probaditas de lo está apareciendo en su existencia.
No hay que tener temor de llegar a una edad avanzada. Es un premio que otorga la universidad de la vida. La diferencia consiste en llegar con dignidad y disfrutarla, a llegar de panzazo, como el mal alumno que en la escuela no estudiaba, y sus calificaciones casi siempre fueron reprobatorias. El viejo es un lobo, el joven un cachorro. El viejo denota sabiduría, el joven indecisión. El viejo llegó a viejo porque sorteó muchos obstáculos y salió aprobado, mientras que muchos jóvenes se quedaron en el camino, por no escuchar la sabia voz de sus mayores.